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Alexandra
Alvarez y Carmen Luisa Domínugez. 2000. Cohesión y poética: las
historias de Mérida Cuadernos de Lengua y Habla. Análisis del
Discurso. Mérida, Universidad de Los Andes, 2: 11-30.
En
su estudio de 1976 sobre la cohesión en inglés, un texto que hoy puede
considerarse clásico, Halliday y Hasan establecen que la cohesión
es una relación semántica que se da dentro del texto y lo define como
tal. Así, el texto es un pasaje, escrito u oral, que forma
una unidad de lenguaje en uso. Es precisamente la textura,
esa calidad de ser un texto, lo que hace que éste funcione como una
unidad.
Los
elementos cohesivos se unen entre sí por lazos cohesivos.
Hay que resaltar el hecho de que para Halliday y Hasan 1975 no son las
relaciones sintácticas estructurales lo que constituyen la cohesión,
sino más bien las relaciones de significado que existen en el texto.
Ellos estudian, entre los lazos cohesivos, una serie de relaciones que se
dan dentro del mismo, a saber: referencia, sustitución, elipsis,
conjunción y cohesión léxica.
En
este trabajo nos proponemos sugerir que algunos de los lazos cohesivos del
texto son de naturaleza poética. Consideramos poética todo
aquello que surge de la función poética del lenguaje, tal como fue
definida por Jakobson (1988), escuetamente como la tendencia hacia el
mensaje como tal. Esta función está estrechamente ligada a la
función textual (Halliday y Hasan 1990). Halliday mismo
sostiene que la función poética jakobsoniana forma parte de la función
textual, es decir la función conformadora del texto. Aquí, nos
concretaremos a la realización de la función poética en dos elementos: ritmo
y paralelismo.
El
estudio se apoya en un texto narrativo delHabla de Mérida de Mérida
(Domínguez y Mora 1998). A continuación presentamos el texto que sirvió
de apoyo a nuestra investigación, segmentado de acuerdo con las
categorías de Labov 19721:
MDD5FB,
era recién casado
ORIENTACION
1.
me iba para Mérida...
2.
mm...
3.
a pedir por allá...
4.
alguna cosita donde las amigas de mamá,
5.
para traer,
6.
ya estábanos grandecitas,
7.
ay, pero...
8.
donde una señora me fui
9.
y entonces me daba frijoles y cambures todos los días y... a mí
10.
ese frijoles y cambures comíanos allá
11.
y yo venía por comer una migajita al menos y...
12.
entonces,
13.
ay Dios mío,
14.
mm...
COMPLICACION
15.
al otro día...
16.
yo me aburría
17.
y me salgo a lavar con esos jabones
18.
y entonces un señor e...
19.
era recién casado
20.
y se metió al baño y...
21.
y se mató,
22.
con... con el orillo del baño,
23.
que tenía un orillo,
24.
se resbaló
25.
y se cayó
26.
y no salía
27.
y no salía
28.
y no salía,
29.
y era recién casado,
30.
y no salía,
31.
y tumbaron la puerta
32.
y era que se había muerto,
33.
se murió,
34.
entonces...
35.
entonces yo me aburría en esa casa
36.
y yo cogí los trapiticos
37.
y los puse en la mañanita atrás de la puerta
38.
y cuando no se había parado yo ...
39.
abrí el portón,
40.
que me mandaban,
41.
y salí volada y me...
42.
y me fui otra vez para la casa,
43.
y...
44.
no me estuve...
45.
no me estaba en la casa que me... así,
46.
no me estaba,
CODA
47.
no,
48.
ay no, no
49.
eso era un paquete muy grande,
50.
ay Dios mío,
51.
muy grande era...
Esta
narración carece de la parte inicial, o compendio. La primera
sección no resume la historia completa sino que sitúa los antecedentes:
la narradora solía ir Mérida a pedirle comida a las amigas de su mamá.
La complicación narra el episodio del accidente de un señor,
recién casado, que se cae en el baño. La coda dice lo terrible
que fue la situación y constituye a la vez, toda entera, una sección de evaluación.
En general, en este texto las líneas evaluadoras se dan en varias
secciones: en la orientación, la complicación y la coda. Los mecanismos
usados son la evaluación externa (ay Dios mío, ay no no) y los
paralelismos que veremos más adelante.
Ritmo y
cohesión
El
estudio de los esquemas lingüísticos que producen el ritmo en el uso de
la lengua no son extraños a los estudios literarios y a la escritura en
general (ver, entre otros, Kayser 1961); en ellos podemos encontrar la
noción de ritmo como cualidad discursiva, propia de la discursivización;
no como una cualidad del objeto vivido, de la vivencia, de la percepción,
sino de la puesta en palabras (ver Bakhtine 1984).
En
cuanto a la oralidad, están ya, en Cicerón, los aspectos fundamentales a
tratar si lo que nos interesa es el ritmo "en los que hablan",
de por sí importante, no solamente para la oratoria. Hay medios
lingüísticos de los que un hablante dispone para conseguir un buen
estilo. Por una parte, la colocación, la factura de las oraciones, por la
otra, el ritmo, se unen a las buenas ideas y las palabras escogidas para
lograr la armonía:
Hablar
con un buen estilo oratorio, Bruto –tú lo sabes mejor que nadie–
no es otra cosa que hablar con las mejores ideas y las palabras más
escogidas. Y no hay ninguna idea que sea provechosa al orador sino
está expuesta de una forma armoniosa y acabada; y no aparece el
brillo de las palabras, si no están cuidadosamente colocadas; y una y
otra cosa es realzada por el ritmo; mas el ritmo – esto hay que
repetirlo constantemente – no sólo no está sujeto a las leyes de
la poesía, sino que incluso las evita y no se parece en nada a ella;
y no es que no sea el mismo el ritmo en los oradores y en los poetas,
e incluso en los que hablan y, en fin, en todo aquello que tiene
sonido y puede ser medido por los oídos, sino que la colocación de
los pies hace que lo que se dice parezca semejante a prosa o a poesía
(Cicerón 1991).
Es
por ello que en el discurso hay pausas, modulaciones y oscilaciones que no
dependen del aliento, sino del plan discursivo, del mosaico narrativo. La
línea sintagmática de la expresión verbal es una línea en el tiempo,
se produce como línea y se recibe también como sucesión. El hablante
reconoce la "limitación" de la línea y la necesidad de
presentar unidimensionalmente, sucesivamente, sus ideas, su conocimiento,
su punto de vista. Ciertamente, el narrador debe conocer la imagen
completa, la macroestructura de su mosaico verbal, efecto y causa de la
coherencia global de su narración. El hablante debe planificar, decidir,
desde su intención de comunicación, para conseguir una línea
comunicativa eficiente; asímismo se someterá a la sintagmática del eje
de las sucesiones del cual depende todo el mecanismo de la lengua
(Saussure 1973:133).
Esta
sucesión no es inocente sino que, por el contrario, es el resultado del
conjunto de decisiones discursivas que el hablante toma en su recorrido
hacia el texto. Lenneberg (1975) encuentra evidencias de que el cerebro
percibe este "pulso" , entre otros, en los latidos del corazón,
en los intervalos de la respiración, y en la diferenciación entre los
estados de inicio y ejecución de los esquemas motores que, en el habla
humana, se corresponderían probablemente con el esquema de la
realización articulatoria de la sílaba. Así, en la base de nuestra
actividad cerebral, la línea temporal está dotada además de un esquema
rítmico que depende más bien de la percepción de un cambio, de una
oscilación, de una variación en el esquema. De modo pues que en la
colocación en palabras ciceroniana, es decir, estructura y ritmo, están
íntimamente ligados entre sí.
Ahora
bien, llegados a este punto, debemos preguntarnos cuál será la unidad de
medida para establecer que, en efecto, en la línea temporal hay también
un "pulso", una variación que marca el ritmo de lo hablado. Esa
unidad o, al menos, una de ellas, es la unidad de entonación. Es decir
que hay un segmento sintáctico que depende de la intención del hablante
y se realiza como uno o más grupos melódicos los cuales, aunque parezca
redundante decirlo, dependen más de esa intención que del
"aliento". Por supuesto, este hablante no solo produce
oraciones: hay también repeticiones, falsos arranques, hesitaciones; en
fin, elementos no oracionales que sirven para mostrar su posición en
relación con lo que narra.
En
primer lugar, en la narración oral puede notarse que, tal como lo señala
Chafe 1982 para el inglés, la "fragmentación" parece ser una
característica precisamente de la oralidad. La tendencia del discurso
oral a realizarse mediante oraciones simples, se diferencia de la
escritura que, por las condiciones mismas de su realización, permite una
mayor densidad sintáctica y léxica.
La
densidad sería entonces el resultado de una planificación y
replanificación más acorde con la escritura y que, en la oralidad, es
simultánea con la producción del habla (ver Chafe 1982 y, también,
Halliday 1989). La complejidad sintáctica parece depender no sólo de los
gramemas de conexión pues, con frecuencia, es fragmentada y yuxtapuesta.
La conexión sintáctica entre oraciones se da poco en relación con otros
medios de conexión, más bien discursivos, como puede verse en las
siguientes líneas:
y
no salía
y
no salía
y
no salía
y
era recién casado
y
no salía
y
tumbaron la puerta
y
era que se había muerto
En
un fragmento como el anterior, vemos que la conjunción y actúa
no sólamente como un conector sintáctico, sino que más bien este parece
estar delimitando los segmentos del texto. Lo cual no puede decirse de
otras ocurrencias de este mismo conector como en:
se
resbaló y se cayó
Si
esto es así, entonces podremos afirmar también que y en
estos casos, apareciendo típicamente en posición inicial de la unidad de
entonación, actúa como uno de los marcadores del "pulso" de la
línea de este texto, esto es, como un elemento rítmico.
Ahora
bien, lo que nos parece más interesante notar es que, independientemente
de su complejidad, las oraciones, en sí mismas, se constituyen de una
manera diferente de acuerdo con el momento de la narración. El hablante
recurre a distintas estrategias sintácticas según el momento de la
narración en que se encuentre y de lo que está haciendo
lingüísticamente.
De
esta manera sucede que, en virtud de su función macroestructural en la
narración, la orientación se articula fundamentalmente en el
ámbito del sintagma nominal, para la presentación y la determinación de
la referencia a espacios y personajes que, una vez introducidos por el
narrador, conocidos para el receptor de la historia, podrán dejar el
centro de la atención y, morfosintácticamente, codificarse como
pronombre o cero; en la narración, dejarán el centro de la atención a
la sucesión de eventos que constituyen la narración misma. Esto es lo
que aparece en la complicación: puesto que en ella se narra el
desarrollo de los acontecimientos, ésta presenta sucesiones de eventos
por lo que, casi naturalmente, se construye en el ámbito del sintagma
verbal. Por este mismo motivo, las estructuras oracionales se hacen
elípticas, en tanto, como señalábamos antes, la mayoría de los
referentes aparecen solo pronominalmente. Consideraremos detalladamente
las líneas siguientes:
yo
me aburría
y
me salgo a lavar con esos jabones
y
entonces un señor e...
era
recién casado
y
se metió al baño y...
y
se mató,
con...
con el orillo del baño,
que
tenía un orillo,
se
resbaló
y
se cayó
y
no salía
y
no salía
y
no salía,
y
era recién casado,
y
no salía,
y
tumbaron la puerta
y
era que se había muerto,
se
murió
La
hablante nos ha venido diciendo de sus malos momentos y, entre ellos, de
cuánto se aburría en esa casa, de cuán incómoda se encontraba . Para
demostrarlo, narra la triste historia de un señor que era recién casado
por lo que, a su entender, la historia es más triste todavía. Lo que
aparece en esta narración, después de presentar al personaje es una pura
sucesión de eventos: entrar, resbalarse, caerse, no salir, porque se
había muerto; más aún, para mantener la perfectividad de los de los
eventos, la hablante reelabora, rotundamente: se murió.
Pasamos
así, en esta historia, de la presentación de una situación personal que
se construye nominalmente (en la orientación), a una sucesión verbal (en
la complicación). Esta sucesión está doblemente marcada, por la serie
verbal misma que permite, por su laconismo, la aceleración del tempo
narrativo y por las conjunciones que inician las unidades de entonación
que, junto a las repeticiones de estructuras, crean un efecto rítmico
particular a este texto. Esto nos permite confirmar que, en la
macroestructura narrativa, orientación y complicación cumplen dos
funciones diferentes, esto es, respectivamente, el establecimiento de la
referencia y la narración de los sucesos. Como consecuencia de ello, la
orientación se formula en oraciones "presentadoras de estados",
centradas, como dijimos antes, en el ámbito del sintagma nominal,
mediante la inclusión (en nuevas unidades de entonación) de
informaciones relacionadas en el área de la identificabilidad del
referente; mientras que la complicación requiere de oraciones
"presentadoras de acciones", en las cuales el verbo es el
encargado de aportar información, todo lo cual permite oraciones de
elipsis nominal frecuente.
Este
cambio en la configuración de las oraciones produce también un efecto de
aceleración de la narración pues, al ritmo pausado de la orientación,
de la presentación de espacios y personas, se opone el ritmo más
acelerado de los eventos en seguidilla, que encontramos siempre en la complicación,
ritmo este que vuelve a retardarse en la coda o en la evaluación. Si el
ritmo depende de una variación en el esquema, de una oscilación,
entonces este cambio en la armazón oracional tiene consecuencias
rítmicas, puede influir en la percepción del ritmo en las narraciones y,
quizá, sea usada por el hablante con este fin.
Paralelismo y
cohesión
Especial
atención merece, en esta narración, una forma poética de construcción
del texto llamado, por Jakobson paralelismo (cf. Jakobson1992). El
paralelismo es la repetición de estructuras de diferente tipo, ya sean
éstas sonoras o gramaticales. Según se dé éste en el nivel fónico,
sintáctico o semántico, puede hablarse de paralelismo sonoro y
gramatical. En este último me refiero a la presencia de ciertas figuras
de sentido, como la antítesis. En estas narraciones encontramos los tres
tipos de paralelismo:
i) El
paralelismo sonoro , es el más evidente para el oído, porque
trata de la repetición, como su nombre lo indica, de sonidos. Lo vemos en
las líneas:
entonces...ay
Dios mío...
ay
Dios mío
al
otro día... yo me aburría
entonces
yo me aburría
era
recién casado
y
era recién casado
con...con
el orillo del baño
que
tenía un orillo
y
no salía
y
no salía
y
no salía
no
me estaba en la
casa que me así...
no
me estaba
eso
era un paquete muy grande
muy
grande era
Encontramos
aquí la repetición de sintagmas completos, que implican, a su vez la
repetición tanto de la estructura fónica como de la estructura
gramatical.
ii) El segundo
tipo de paralelismo es el paralelismo gramatical. En este tipo de
secuencia, menos evidente, pero sin embargo muy eficaz para lo que el
ritmo se refiere, lo que se repite es la estructura sintáctica. Jakobson
(1992) afirma que la yuxtaposición de secuencias como el granjero mata
al patito y el hombre se lleva al pollo nos hace "sentir
instintivamente, sin el menor intento de análisis consciente, que ambas
oraciones caben exactamente en el mismo esquema, que en realidad son la
misma oración fundamental y difieren sólo en sus atavíos
materiales". Jakobson entiende estos conceptos - material y de
relación- en términos más técnicos como léxico y gramatical. Nótese,
en los ejemplos siguientes, la sucesión de verbos:
y
se metió al baño ...
y
se mató
se
resbaló
y
se cayó
y
no salía (a)
y
tumbaron la puerta(b)
y
era que se había muerto (b)
se
murió (a)
y
yo cogí los trapiticos
y
los puse en la mañanita atrás de la puerta
y
cuando no se habían parado...
abrí
el portón
que
me mandaban
y
salí volada
y
me fui otra vez para la casa
y...
no me estuve
Es
interesante ver cómo el paralelismo en este fragmento no se detiene en la
clase de palabras, o sea en el hecho de que lo repetido sean precisamente
verbos. Se da además en estas secuencias, como intuimos antes, un juego
en cuanto al aspecto verbal: y se metió al baño/ se mató y
se resbaló/ y se cayó son todos de aspecto perfectivo, dinámico
y puntual. Lo mismo ocurre con las secuencias y yo cogí los
trapiticos/ abrí el portón/ y salí volada/ y me fui otra vez para la
casa/y no me estuve. Esto incrementa el ritmo rápido del segmento y
acelera el pulso de los acontecimientos.
En
las secuencias y no salía/y tumbaron la puerta se da en cambio un
contraste de aspectos: el imperfectivo vs. el perfectivo; repitiéndose el
esquema en y era que se había muerto/ se murió. Para Comrie, una
forma perfectiva denota una situación vista en su totalidad, sin
relación con su constitución temporal interna: el imperfectivo en cambio
ve una situación con respecto a su estructura interna (Comrie1976: 19).
En las dos secuencias anteriormente citadas el sucederse el perfectivo
después del imperfectivo da, precisamente, la impresión de algo súbito
y repentino.
iii) Hay
además ciertas figuras, que más que sintácticas podríamos considerar
semánticas; una de ella es la antítesis, que presenta en paralelo
acciones semejantes pero con sentido contradictorio. Es el caso de los
ejemplos siguientes, cuando se contraponen las expresiones me iba para
Mérida...mm...a pedir por allá... con y yo venía por comer
una migajita al menos, y en se metió al baño y tumbaron la
puerta en la complicación de la misma; y quizás también era
recién casado con y era que se había muerto.
Para
Jakobson el paralelismo es una estructura poética, porque se basa en la
repetición de una secuencia. La prosa se caracteriza, en cambio, por
transitar el camino hacia adelante, y ese es el fundamento de otras
texturas que encontramos entre estas narraciones. La misma etimología del
termino latino versus contiene la idea de una recurrencia regular,
al contrario de la prosa, cuya etimología latina (provorsa)
sugiere un movimiento hacia adelante (Jakobson, 1992: 43). El que el
paralelismo sea propio de la poesía, no significa que "en la prosa
no haya paralelismos o repeticiones o cualquier otro recurso
específicamente asociado con la poesía; sino que tales simetrías no son
el recurso constructivo de la prosa y no se utilizan tan sistemáticamente
(Jakobson 1992: 205).
El
paralelismo contribuye al armado de la estructura narrativa, entre las
piezas del mosaico, entre líneas, pero también en el mosaico completo;
en esa imagen mental que se hace el narrador y que precede lo dicho.
Vimos, en este sentido, en la sección anterior, cómo el pulso mantiene
el hilo de la narración: en otras palabras, el ritmo, en un accelerando y
decrescendo va enganchando las líneas del texto en una cabalgata, a veces
a ritmo de trote, luego a galope, regresando nuevamente al trote. Pues
bien, también el paralelismo garantiza esta cohesión linea por línea.
Encontramos los ejemplos más claros de ésto en las repeticiones
inmediatas, sobre todo sonoras, de núcleos de interés en la historia, y
por ende momentos evaluativos de la misma:
y
no salía
y
no salía
y
no salía
no
me estuve
no
me estaba en la casa que me...así
no
me estaba
Pero
los lazos cohesivos se mantienen de igual forma en los paralelismos
gramaticales. En otra sección se analizó cómo el carácter nominal de
la orientación se opone al verbal de la complicación. Es así como en
esta última sección las hileras de verbos nos van llevando en un galope
al accelerando de la acción:
al
otro día...
yo
me aburría
y
me salgo a lavar con esos jabones
y
entonces un señor e...
era
recién casado
y
se metió al baño y...
y
se mató,
con...
con el orillo del baño,
que
tenía un orillo,
se
resbaló
y
se cayó
para
luego desembocar en el ritardando que produce la repetición de la
secuencia:
y
no salía
y
no salía
y
no salía,
y
era recién casado,
y
no salía,
Este
movimiento se repite en otra secuencia de verbos en un nuevo accelerando:
entonces...
yo
me aburría en esa casa
y
yo cogí los trapiticos
y
los puse en la mañanita atrás de la puerta
y
cuando no se había parado yo ...
abrí
el portón,
que
me mandaban,
y
salí volada y me...
y
me fui otra vez para la casa,
para
recurrir a otro ritardando en:
y...
no
me estuve...
no
me estaba en la casa que me... así,
no
me estaba,
Los
dos fragmentos compuestos por el acelerar y el retardar el movimiento son
a la vez reiteraciones paralelas de lo mismo: de un pulso que corre y se
detiene ante la evidencia de la muerte. El paralelismo de la acción se da
tan claramente, que ambos fragmentos comienzan con la afirmación de la
narradora yo me aburría... La cohesión de la complicación
está construída sobre esta simetría.
A
la vez que los lazos más cortos, dados por esos paralelismos inmediatos,
se tejen lazos cohesivos más largos y abarcantes. Tenemos, la acción
antitética del irse para Mérida la protagonista en el me iba para
Mérida en la línea 1 del texto y el regreso hacia su casa- "la
casa" - en el me fui otra vez para la casa en la línea 42; en
una casa diferente de la que le sigue en la línea 45, la del suceso. Por
otra parte en las líneas evaluativas el ay Dios mío lleva de la
orientación en la línea 13, a la coda, en la línea 50. Estos
paralelismos redondean la acción de modo que se le recuerda al oyente,
con estas repeticiones, dónde comenzó todo.
Se
confirma así lo afirmado por Hasan en el sentido de que la estructura
paralela tiene un significado textual. Para esta investigadora el patrón
(pattern) es central en la construcción del texto hasta el punto que
texto y patrón - el mosaico del que hablamos anteriormente - son la misma
cosa. Sin esa "colocación" como diría Cicerón, no habría
texto, o al menos sería otro el texto (Hasan 1989:12).
Conclusiones
En
este trabajo hemos querido mostrar que la línea sintagmática responde a
un plan discursivo del hablante concerniente a la macroestructura del
texto y a las estrategias lingüísticas que utilizará. En este sentido,
nuestras observaciones muestran por ejemplo que orientación y complicación
tienen funciones macroestructurales diferentes y que el hablante reconoce
estas funciones pues, en la primera, presenta los referentes, en la
segunda, se suceden los acontecimientos. De ahí el carácter nominal de
la primera y verbal de la segunda.
Si
el ritmo depende de una variación en el esquema, entonces este cambio en
la armazón oracional tiene consecuencias rítmicas: la variación que se
produce por la diferente configuración de las oraciones puede influir en
la percepción del ritmo en las narraciones.
Como
hemos visto, para Jakobson el paralelismo es una estructura poética, dado
que basa en el camino hacia atrás de una secuencia, propio del verso
(Jakobson 1992). En todo caso, podemos hablar de un enfoque poético de
las narraciones aquí analizadas, puesto que consideramos como dos de sus
elementos constituyentes el paralelismo y el ritmo.
Ambos
elementos son conformadores del texto, significantes para éste. Tanto el
ritmo como el paralelismo forman además lazos cohesivos, que hacen del
texto una unidad de lenguaje en uso. Ritmo y paralelismo conforman la textura,
la calidad del texto que lo hace funcionar como unidad.
REFERENCIAS
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Alexandra. 1998. Discurso. En Enrique Obediente Sosa (comp.) El habla
rural de la Cordillera de Mérida. Mérida: ULA.
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Gallimard.
Cicerón. 1991
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Comrie,
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1982. Integration and involvement in speaking, writing and oral
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Halliday, MA.K y Rukaiya Hasan.
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1992. Poesía de la gramática y gramática de la poesía. En Arte verbal,
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Roman. 1988. Lingüística y Poética. Madrid: Cátedra
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1972 The transformation of experience in narrative syntax. Language in
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Lenneberg, Eric H. 1975. Fundamentos
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Saussure, Ferdinand de. 1973. Curso
de lingüística general. Buenos Aires: Losada.
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Notas en este documento.
[1] Labov
1972 describe la narración como una unidad textual con una estructura
regular que comienza con un compendio que define el tema o punto
de la historia y continúa con una orientación que describe las
circunstancias en que aquella ocurre. Le sigue la complicación,
donde se narran los eventos centrales y la coda, una transición
temporal y temática del mundo de la historia al del momento de su
narración. La evaluación, es decir, la marcación de la
importancia que tiene la historia, la razón de la misma, puede estar
presente a lo largo de todo el texto.
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