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Publicado
en Letras 59:89-120. Caracas: Universidad Pedagógica Experimental
Libertador (UPEL).
OBSERVACIONES
SOBRE EL USO DE LA PREPOSICIÓN A EN EL OBJETO DIRECTO: un estudio
sobre el español de Mérida
Carmen Luisa
Domínguez; Blanca Guzmán; Luis Moros;
Maryelis Pabón;
Lis Morelia Torres; Roger Vilaín.
Maestría en
Lingüística.
Universidad de
Los Andes, Mérida-Venezuela.
1.
INTRODUCCIÓN
La
gramática normativa del español afirma, de manera consistente, que en
los objetos directos que se refieren a persona, elemento personificado, o
entidad determinada, se debe incluir la preposición a (ver, entre
otras, Real Academia 1973, Alarcos 1994, Gili Gaya 1961). Se mencionan
también, en estas gramáticas, algunas excepciones para este uso, como
por ejemplo, el uso de la preposición en objetos de referente no humano
que pueden producir ambigüedad con el sujeto (igualmente de referencia
no-humana), como en los siguientes ejemplos:
|
1.
a. |
Favorece
la codicia a la ambición |
|
b. |
Mató
al elefante el tigre |
Esta
norma de anteposición de a al objeto directo humano y determinado,
que parecía cumplirse regularmente en el uso del español, está
presentando algunas variaciones pues es posible oír (o incluso leer)
oraciones como las siguientes:
|
2.
a. |
[usted
sabe] de la labor que ellos realizan, de recoger esos niños
que antes trabajaban en la calle (hablante merideña) |
|
b. |
Hay
que grabar otros niñitos (hablante caraqueña) |
|
c. |
El
hijo suyo lo mudé esta mañana (hablante tachirense) |
|
d. |
Asesinan
dos monjas en Argelia (titular de El Universal, octubre 1994) |
|
e. |
La
picada de escorpión puede matar un niño en 24hrs (titular
de El Nacional, enero 1998). |
En
todos los casos anteriores, se cumple el doble requisito de personalidad
y/o determinación, establecidos por la gramática para que un objeto
directo determine la presencia de a, sin embargo, por alguna
razón, los emisores de estas oraciones no han considerado pertinente o
necesaria su inclusión.
En
este trabajo nos proponemos describir el uso de la preposición a
en ciertos objetos directos del español para tratar de establecer los
valores funcionales de este uso así como los factores que podrían
condicionar la variación en el español de Mérida.
2. ANTECEDENTES
a. la
tradición
Tal
como mencionábamos en la introducción, la gramática tradicional
establece un conjunto de reglas según las cuales a aparecerá
encabezando el objeto directo.
Así,
para los gramáticos del Esbozo, la preposición se emplea en el
objeto directo según las siguientes reglas "predominantes"
(Real Academia 1973:372-3, '
3.4.5):
|
3.
a. |
con
nombres propios de personas o de animales irracionales: César
venció a Pompeyo; Don Quijote cabalgaba a Rocinante; |
|
b. |
con
nombres propios que no sean de personas o animales cuando no lleven
artículo: He visto a Cádiz, aunque "en el habla usual de
nuestros días son frecuentes los casos sin preposición: Conozco
Colombia"; |
|
c. |
con
los pronombres que se refieren a personas, como en lo busco a él,
no conozco a nadie, aunque Busco [a] alguien para encargarle...; y |
|
d. |
con
nombres comunes de personas o de animales "que lleven artículo
u otro complemento que los precise y determine de tal manera que en
la mente del que habla vengan a convertirse en designaciones
individualizadas equivalentes a las de los nombres propios; así:
Busco a mi criado; Busco al criado de Juan; He visto al Presidente
del Consejo de Ministros". |
En
otras palabras, la preposición se usará en objetos directos de
referencia humana o sintagmas nominales determinados. Sin embargo, estas
reglas no se aplican sistemáticamente, por lo cual la Real Academia debe
establecer a continuación las excepciones para estas, y ello
fundamentándose en los siguientes "principios":
|
4.
a. |
en
los casos de humanización del referente, lo que incluye los
complementos no-humanos de verbos transitivos que suelen presentar
objetos directos de referencia humana, como en llamar a la muerte
pues, según la Academia, "El grado de personificación que se
atribuye al complemento directo decide en cada caso el empleo u
omisión de a: estilísticamente no es lo mismo temer la muerte que
temer a la muerte; respetar la justicia (como virtud) y respetar a
la Justicia (como institución)" (1973:373-4); |
|
b. |
nombres
colectivos de persona "pero solo cuando la acción que denota
el verbo se ejerce sobre los individuos" como en conmover y
deleitar a la plebe (1973:374); y |
|
c. |
cuando
haya que evitar la ambigüedad. |
Siempre
según la Real Academia, deja de usarse la preposición (1973:374-5, '3.4.6.,
21):
|
5.
a. |
con
nombres no propios de persona cuando estos son objeto directo de
un verbo que por lo general lo lleva de cosa (esto es, en el caso
inverso a 4a) como en: La escuela de la guerra es la que forma los
grandes capitanes; y |
|
b. |
cuando
haya que distinguir el objeto directo de otro que no lo sea y
lleve a, como en prefiero Barcelona a Madrid. En casos como este,
los gramáticos aclaran que si el objeto directo es nombre propio
de persona "no puede omitirse la preposición, lo que suele
hacerse entonces es construir el complemento directo junto al
verbo y delante del indirecto, v.gr.: Allí se daría orden de
llevar a Dorotea a sus padres (Cervantes, Quijote, I,
29)". La misma ambigüedad puede presentarse cuando ambos
complementos, sin ser nombres propios, designan personas",
como en Ha sido forzoso dejar al enemigo en rehenes al conde,
y agregan que "Para resolver esta dificultad, es frecuente
colocar el complemento directo junto al verbo y sin preposición,
seguido del indirecto con a, y decir, p. ej.: Ha sido
forzoso dejar el conde en rehenes al enemigo; Recomiende usted mi
sobrino al señor director". |
Así,
la Real Academia se deshace en detalles y, en vez de lograr establecer las
reglas de uso, de acuerdo con ciertos "principios" gramaticales,
tal como proponían, consiguen solamente enumerar los casos excepcionales
y dejan al estilo del hablante, o de su discurso, la decisión del uso.
Por
su parte, para Andrés Bello "la preposición a se antepone a
menudo al acusativo cuando no es formado por un caso complementario; y significa
entonces personalidad y determinación" (1972:253, subr.
nuestro). Bello plantea el asunto desde otra perspectiva, esto es, la
preposición vendría a ratificar o establecer la "personalidad"
y/o la "determinación" del referente codificado en el objeto
directo y, sensatamente, afirma que
Como en
esto de fingir persona o vida donde no existe, o mera materialidad
donde hay vida o persona, no es dado poner coto a la imaginación del
que habla o escribe, no puede menos de ser extremadamente incierta y
variable la práctica de los mejores hablistas en estas dos
excepciones. (1972:255)
En
contraste con la tradición, la reciente gramática oficial de la Real
Academia, suscrita por Emilio Alarcos Llorach (1994), parte de la
ambigüedad referencial como criterio y opina que "para deshacer el
equívoco, se antepone la preposición a a la unidad que funciona
como objeto directo" (1994:279). El equívoco, evidentemente, se
plantea cuando ambos, sujeto y objeto directo, comparten un mismo rasgo
(fundamentalmente los de animación o humanidad), de manera que imponen el
"uso discriminador de a" para diferenciar las funciones
sintácticas. Alarcos considera igualmente que es a partir de estos casos
ambiguos que se generalizará el uso en la lengua en los objetos directos
de persona o cosa personificada.
b. la historia
En
relación con esta idea de Alarcos, es interesante hacer notar que no es
la primera vez en la historia de nuestra lengua que esta variación se
presenta. Así, según Obediente 1997, en el latín hispánico, y por
posible influencia osco-umbra, se empleaba la preposición ad en
objeto directo de persona o ser personificado (1997:95); siempre de
acuerdo con este autor, el régimen prepositivo de a en objeto
directo se mostrará inestable en la Edad Media y se estabilizará en el
español a partir del siglo XVI, cuando
El empleo,
desde el latín hispánico, de la preposición a en el objeto
directo referido a persona o cosa personificada, se generaliza, aunque
aún quedan ejemplos de construcciones sin a, por ejemplo: No
disgustemos mi abuela (Lope de Vega, La fuerza lastimosa,
III, 18), Llegó a Avila con harto deseo de conocer la Madre Teresa
de Jesús (Yepes, Vida de Santa Teresa, II, 24).
(1997:358-9).
Igualmente,
Ariza 1989 supone un origen protorromance, a partir de la forma ad+acusativo,
que sería común a las lenguas derivadas, lo cual constata en el hecho de
que el uso de preposición en objeto directo se encuentra, además de en
español, en portugués, catalán, dialectos occitanos, entre otros, y,
muy característicamente en el rumano (dacorrumano) que antepone pe
o pre al objeto directo de persona. Este autor revisa,
cuidadosamente, las teorías sobre la formación del uso de preposición
en objeto directo, con especial atención al español, y resume estas
teorías como sigue:
|
6.
a. |
el
origen del uso en la construcción ad+acusativo,
construcción sustituta del dativo latino; |
|
b. |
el
carácter [+animado] y [+determinado] de este caso latino; |
|
c. |
que
la oposición sujeto/objeto de persona presenta en la base de
comparación el rasgo [+agentivo]; y |
|
d. |
que
la determinación fue factor primario en el desarrollo preposicional
y lo sigue siendo hoy (1989:216). |
Todo
lo cual, en su opinión, da pie para concluir que "el factor
fundamental en la aparición de la preposición A de objeto directo es la
DETERMINACION, siendo también importantes -casi concomitantes- las marcas
de ANIMACION y de PERSONA" (1989:217).
De
cualquier manera, es evidente que se trata de dos "movimientos"
diferentes en la historia de la lengua: por una parte, en el Siglo de Oro,
la variación que evidencia el cambio hacia la generalización y la
estabilización del uso de la preposición en ciertos objetos directos,
tal como señala Obediente; por la otra, en este tiempo, el cambio
probable hacia la "desestabilización" en el uso.
c. la teoría
gramatical más reciente
Con
el interés de explicar la gramática del español desde la perspectiva de
la teoría generativo-transformacional, Marta Luján 1978 considera que
las "reglas" establecidas por la gramática tradicional para dar
cuenta del uso de la preposición a en objeto directo, son
inadecuadas. Para la autora, estas reglas "tradicionales" se han
establecido considerando el rasgo [animado] únicamente en el sintagma
nominal objeto, o bien, algunas características del verbo que lo rige,
mientras que, en su opinión, un análisis adecuado debe partir de la
consideración de las restricciones de selección del verbo con respecto a
la animación tanto del sujeto como del objeto.
Básicamente,
la inadecuación que esta autora hace notar en las "reglas"
propuestas por la gramática tradicional tienen que ver con el hecho de
que, tal como señalábamos arriba, no hay un criterio que permita
decidir, cabalmente, cuándo un objeto directo presentará o no la
preposición en él pues, si los rasgos que deben tomarse en cuenta en el
núcleo nominal del objeto directo son los de [humano] y/o [definido],
entonces esta "regla" predice con certeza la presencia de a
en (7a), pero no en (7b,c):
|
7.
a. |
vimos
a tu hermano [+hum +def] |
|
b. |
no
vimos a ningún amigo [+hum -def] |
|
c. |
el
tábano mató al caballo [-hum +def] |
Para
evitar esta "indefinición" de la regla, Luján propone
entonces: i) que se distinga, en primer lugar, la a "de
acusativo" de aquella que puede denominarse "de régimen"
(esto es, la preposición que se presenta sistemáticamente junto a
ciertos verbos, tales como controlar/renunciar/ceder + a, del mismo
modo que soñar rige con, o depender rige de);
ii) que los rasgos que se aplicarán al nombre objeto, se apliquen
igualmente al nombre sujeto. Lo que significa entonces que, para esta
autora, la hipótesis fundamental para explicar el uso de la a
"de acusativo" es la que afirma que esta aparece para deshacer
la ambigüedad.
En
la línea de la teoría gramatical generativo-transformacional y su
aplicación al español, D'Introno 1979 no propone ningún criterio para
determinar la aparición de la preposición en la estructura superficial y
recurre, cuando es el caso, a los criterios propuestos por la gramática
tradicional. Luján y D'Introno, proponen reglas transformacionales de
inserción, la primera, o elisión, el segundo, para explicar cómo se
presenta la preposición en la estructura superficial, la consideración
de esas reglas, sin embargo, escapa de nuestros objetivos.
Desde
la perspectiva funcionalista, Paul Hopper y Sandra Thompson 1980, al
considerar los parámetros que permitirían caracterizar la transitividad
de la oración (tales como número de participantes, telicidad,
puntualidad de la acción denotada, modo del verbo, etc.) consideran que
uno de estos parámetros debe ser la "individualización de la
referencia en el objeto directo". Para determinar este parámetro,
oponen, entre otros, los rasgos [±común], [±humano], [±definido],
según los cuales, un sintagma nominal [-común, +humano, +definido]
sería más individualizado que otro que presentara los rasgos opuestos y,
como individualizado, este sintagma nominal, en el rol de objeto directo,
denotaría un paciente [+afectado], con lo cual la transitividad expresada
en la oración sería mayor que en el caso de un paciente [-afectado] (por
ejemplo, en el caso de un nombre común, abstracto, plural, no definido).
Cuando
Hopper y Thompson consideran detalladamente cada uno de los parámetros,
ejemplifican la individualización del sintagma nominal objeto,
básicamente, con ejemplos del español, lengua que, según los autores
"evidencia una limitación extrema al requerir que los objetos
[directos] marcados con una a deban ser no solamente animados sino
también humanos o humanizados y, además, referenciales, y no solamente
definidos" (1980:256, trad. nuestra), lo cual ilustran con el
siguiente ejemplo:
|
8.
a. |
Celia
quiere mirar un bailarín [-referencial] |
|
b. |
Celia
quiere mirar a un bailarín [+referencial] |
d. el español
de Venezuela
Entre
los estudios que atañen directamente a nuestra lengua y, más
específicamente, a la variedad venezolana, Alvarez y Barrios 1992
proponen un estudio comparativo del español de Caracas y Montevideo
considerando la ausencia de la preposición en objeto directo e indirecto
en ambas muestras del español. Se constata allí que los rasgos [animado]
(especialmente [humano]) y [definido] determinan la presencia de la a
en el objeto pero, también, que en algunos casos que cumplen con este
requisito, la preposición no se presenta. Ahora bien, en este trabajo se
consideran indistintamente los objetos directo e indirecto y no hay en él
evidencias de la representatividad de esta variación pues solo se
consideran los ejemplos de casos de ausencia de la preposición,
aparentemente semejantes en ambos dialectos. Especial atención prestan
las autoras a los ejemplos en los cuales el objeto (directo o indirecto)
no solo no presenta la preposición sino que, además, ha sido desplazado
a la primera posición en la oración, lo cual les permite concluir que
"es posible considerar la preposición a-transitiva como una
suerte de focalizador, cuyo uso, en los casos de topicalización, que
hemos visto, pareciera hacerse innecesario, dado que la estructura
sintáctica de por sí es una estructura focalizadora" (1992:481).
Por
su parte, Navarro 1993 también estudia la elisión de la preposición
tanto en objetos directos como indirectos antepuestos al verbo. En su
trabajo, Navarro analiza 1350 ocurrencias de ambos objetos y encuentra
que, en estos casos, el 75.8% presenta la preposición mientras que en el
24.1% de los casos esta se elide. Considera igualmente Navarro la forma
del sintagma nominal y establece que, en su muestra, cuando este se
realiza como un pronombre de primera persona singular, a aparece en
el 94.2% mientras que esta solo se presenta en el 52.9% (599 casos) cuando
el objeto se codifica en cualquier otra forma. El dato más relevante para
el trabajo que nos proponemos aquí es el relativo a la distribución de
estas "otras formas" del objeto. Navarro encuentra que estos 599
casos se distribuyen como sigue: 484 casos de objeto indirecto, de los
cuales el 53.1% presenta la preposición y el 46.9% la elide; y 115 casos
de objeto directo, en los cuales se presenta la preposición en el 52.1% y
no aparece en 47.8% de estos. Navarro considera también el tipo de verbo
que rige el objeto pero limita su observación a los objetos indirectos;
igualmente, este autor toma en cuenta las variables extralingüísticas
edad, sexo, escolaridad e ingreso y concluye que, de estas, únicamente la
edad parece influir en la variación.
3. METODOLOGÍA
a. el corpus
Para
este trabajo se utilizó una selección de hablantes escogidos del Corpus
sociolingüístico de la ciudad de Mérida (Domínguez y Mora 1995).
De la muestra total, constituida por ochenta hablantes, se escogieron
dieciocho, los cuales quedaron distribuidos como puede verse en el cuadro
que se presenta a continuación:
cuadro 1. Distribución
de los hablantes en el CSM.
|
|
|
GG I |
GG II |
GG
III |
|
alto |
m |
MDA1MB |
MDB1MA |
MDD1MB |
|
alto |
f |
MDA1FA |
MDC1FA |
MDD1FA |
|
medio |
m |
MDA3MA |
MDC3MA |
MDD3MA |
|
medio |
f |
MDA3FA |
MDB3FB |
MDD3FB |
|
bajo |
m |
MDA5MA |
MDB5MA |
MDD5MA |
|
bajo |
f |
MDA5FA |
MDC5FA |
MDD5FB |
Esto
es, nueve hombres y nueve mujeres, seis hablantes por grupo etario y seis
hablantes por nivel sociocultural, lo cual mantiene la presencia de las
variables sociolingüísticas que se incluyeron en la muestra general,
ahora bien, en este trabajo solo tomaremos en cuenta las variables
lingüísticas y dejaremos la consideración de la posible influencia de
las variables sociolingüísticas para una próxima investigación. En
adelante nos referiremos a los datos producidos por esta muestra como Corpus
Sociolingüístico de Mérida (CSM).
También,
como parte del corpus de nuestra investigación, analizamos una muestra
constituida por ocho documentos de carácter administrativo, escritos en
la antigua provincia de Mérida, durante los siglos XVI y XVII
(solicitudes de merced, encomiendas, visitas, etc.). Quisimos constatar,
en estos documentos, si, tal como mencionábamos antes, ciertamente no es
la primera vez que se presenta la variación en el uso de la preposición
ante objeto directo en nuestra lengua. Nos referiremos a estos datos como Corpus
Documental de Mérida (CDM).
b. la muestra
En
el corpus así constituido se localizaron todas las oraciones simples
(principales o subordinadas) en las cuales se presentaba la estructura (S)VO[léxico],
esto es, una oración simple, con sujeto expreso o no, verbo transitivo en
forma personal en el núcleo del predicado, seguido de un sintagma nominal
con función de objeto directo, siempre y cuando este se realizara como un
sintagma nominal léxico.
Estas
estructuras se ficharon independientemente del orden de los elementos y
del hecho de que este estuviera o no precedido de a.
En
la localización de los datos en la muestra, consideramos que la
variación no se presentaría en los siguientes casos:
a.
objetos directos codificados pronominalmente (sea este pronombre fuerte,
débil o relativo) como en yo lo vi; yo lo vi a él (* yo lo vi él); yo
vi una casa que compré;
b.
objetos directos clausulares, complementos de verbos de dicción o
volición, como en quiero que vengas, creo que estuvo allí;
c.
objetos directos "adverbiales" (ver Rojo 1990), esto es, los
elementos locativos, modales o temporales que pertenecen a la estructura
argumental del predicado, como en yo entré a aquella casa, yo entré en
aquella casa;
d.
los objetos directos del verbo haber "impersonal".
Como
resultado de esta búsqueda se encontraron 1436 ocurrencias de la
estructura (S)VO[lex] en el CSM y, de este número total de ocurrencias,
se descartaron 266 pues presentaban un verbo transitivo de régimen
preposicional con a, como por ejemplo: atenerse a, acostumbrarse
a (ver Cano Aguilar 1981 y Moliner 1994) y consideramos que estos
casos debían tratarse separadamente. Igualmente descartamos aquellos
casos en los cuales resultaba imposible decidir cuál era la estructura
oracional completa.
Así,
la muestra para este estudio quedó constituida por 1170 ocurrencias en el
CSM y 370 en el CDM y estas se clasificaron de acuerdo con las variables
lingüísticas que se explican a continuación.
c.
las variables
1.
Tal como se puso en evidencia en la revisión de los antecedentes, los
rasgos [±animado]
y [±humano]
deben ser los más pertinentes para la consideración del fenómeno que
nos interesa aquí. Estos rasgos fueron asignados a todos los objetos
directos y a todos los sujetos de cada oración pues solo de esta manera
podemos verificar la hipótesis recurrente de que la preposición aparece
en los casos de ambigüedad en los cuales ambos sintagmas nominales pueden
optar por la función sujeto.
2.
También nos pareció pertinente, de acuerdo con la tradición, la
consideración del rasgo [±definido]
en el sintagma nominal objeto y consideramos que este es [+definido]
cuando está determinado por un artículo definido, un pronombre
demostrativo o posesivo, además de los casos en los que el núcleo sea un
nombre propio; [-definido] es, entonces, un sintagma nominal
encabezado por un artículo indefinido, el que presente cero en esta
posición (en singular o en plural), los nombres en plural precedidos de
un cuantificador y los pronombres indefinidos (algo, alguien), (ver
DuBois 1980:208).
3.
Como consecuencia de nuestra primera observación de los datos
consideramos conveniente distinguir los objetos directos según se
trataran del complemento del verbo tener o de cualquier otro verbo,
pues los objetos de tener solo presentan la preposición cuando el
sintagma se puede caracterizar como [+definido] además de [+humano] pues
este segundo rasgo solamente no basta para determinar la presencia de a
(ver Moliner 1994).
4.
Se tomó en cuenta el estado de activación de la referencia y el tipo de
información presentada en el sintagma nominal objeto (ver Chafe 1987 y
1994). En este caso consideramos como [+dado] el sintagma nominal
cuya información ha sido ya presentada al oyente, o bien está presente
en la situación compartida, y por lo tanto se supone que puede ser
reconocida por el interlocutor; por el contrario, [-dado] es el
sintagma nominal que introduce información que no ha sido mencionada
todavía en el discurso y que no está presente en la situación. Este
rasgo, entonces, interviene en las suposiciones del hablante sobre el
conocimiento del oyente y, por lo tanto, influye en el modo como este
presentará lingüísticamente la información.
Las
variables lingüísticas presentadas hasta aquí nos permitieron
caracterizar el uso que nos interesa en los documentos históricos de
Mérida (CDM), sin embargo, en la caracterización del uso actual, nos
pareció pertinente considerar también el tipo de referencia que el
hablante hace en el sintagma nominal objeto y, para ello, tomamos en
cuenta dos rasgos pragmáticos (ver DuBois 1980 y DuBois y Thompson 1991),
a saber:
5.
[±identificabilidad],
con dos variantes: [+identificable] es un referente que el hablante
supone que el interlocutor puede relacionar con algún elemento de su
conocimiento previo, mientras que [-identificable] es un referente
que el hablante supone que su interlocutor no puede identificar.
6.
[±genérico] y,
entonces, definimos como [genérico] el sintagma que se refiere a
una entidad o conjunto de entidades cuyos miembros pueden considerarse
intercambiables, como en a uno le empiezan a gustar las muchachas;
y [específico], el sintagma que hace referencia a entidades
específicas, como en ella adora a este niño.
4.
EL ANALISIS
Presentamos
ahora los resultados de nuestro análisis y, en primer lugar, los datos
obtenidos en el Corpus sociolingüístico de la ciudad de Mérida.
De
las 1170 ocurrencias de la estructura (S)VO[léxico] en este
corpus, revisaremos primero los datos relativos a la distribución de
estas de acuerdo con el rasgo [±animado]
del sujeto y del objeto.
cuadro 2. Distribución
de todos los casos de acuerdo
al rasgo
["animado] (CSM)
|
animado |
A |
% |
cero |
% |
total |
|
S+ O- |
|
|
972 |
100 |
972 |
|
S- O- |
|
|
57 |
100 |
57 |
|
S+ O+ |
37 |
28.9 |
91 |
71.1 |
128 |
|
S- O+ |
|
|
13 |
100 |
13 |
Como
puede verse claramente en el cuadro 2, en la muestra analizada, la
alternancia entre la presencia y la ausencia de la preposición solamente
se da en los casos en los cuales tanto el sujeto como el objeto presentan
el rasgo [+animado]. Estos resultados pueden interpretarse de varias
maneras, a saber: i) que, de acuerdo con la gramática tradicional,
solamente los objetos directos que comportan el rasgo [+animado] aceptan
la presencia de la preposición; ii) que, de acuerdo con la hipótesis de
la ambigüedad funcional entre los sintagmas nominales implicados, la
preposición aparece solamente en los casos en los cuales también el
sujeto comporta este rasgo; y iii) que, al ser así, únicamente en este
contexto se presentará la variación.
Ahora
bien, en estos casos, el rasgo [+animado] incluye el rasgo [+humano].
Distinguimos entonces estos rasgos para comprobar cuál de los dos
determina la presencia de la preposición y cuál de ellos fundamenta
nuestra primera interpretación.
cuadro 3. Distribución
de todos los casos de acuerdo
al rasgo
["humano] (CSM)
|
humano |
A |
% |
cero |
% |
total |
|
S+ O- |
|
|
997 |
100 |
997 |
|
S- O- |
|
|
57 |
100 |
57 |
|
S+ O+ |
37 |
35.9 |
66 |
64.1 |
103 |
|
S- O+ |
|
|
13 |
100 |
13 |
El
cuadro 3 no permite dudar sobre la relevancia relativa de los rasgos
[animado] y [humano] como determinantes tanto de la presencia de la
preposición como de la variación que la afecta. En efecto, en nuestros
datos del CSM, la alternancia solamente aparece, en realidad, en los casos
de objetos directos [+humanos] en concurrencia con sujetos que presentan
este mismo rasgo.
Si
comparamos ahora los cuadros 2 y 3, encontramos lo siguiente: los 128
casos en los cuales se presenta el rasgo [+animado], tanto en el sujeto
como en el objeto (en el cuadro 2), se reducen a 103 casos de sujeto y
objeto [+humano] (en el cuadro 3), esto es, una diferencia de 25
ocurrencias. Al comparar de nuevo los dos cuadros de resultados,
encontramos que estos 25 casos se han desplazado todos (en el cuadro 3) a
la casilla correspondiente a los sujetos [+humano] y objetos [-humano],
que presenta ahora 997 ocurrencias frente a las 972 que aparecen en la
primera casilla del cuadro 2 y, como puede constatarse en ambos cuadros,
solamente aparece la preposición (y la variación) cuando ambos sintagmas
nominales presentan el mismo rasgo semántico, específicamente, el rasgo
[+humano].
Este
movimiento uniforme en nuestros datos nos permite suponer que es solamente
el rasgo [+humano], cuando se presenta en el sujeto y el objeto de una
misma oración, el que determina la presencia de la preposición en el
objeto y, además, que es solamente este rasgo el que, eventualmente,
puede comprometer la [agentividad] del sujeto, con lo cual el uso de la
preposición se hace pertinente; así, la hipótesis de la ambigüedad
funcional entre el sintagma nominal sujeto y el objeto, se reduce a los
casos en los cuales el rasgo presente en ambos es el de [+humano].
A
la luz de los resultados presentados, consideramos conveniente continuar
el análisis únicamente con los 103 casos de sujeto y objeto [+humano] y
aplicar el resto de las variables que nos parecen pertinentes solamente a
estos casos que representan, sobre la totalidad de la muestra, el 8.8%
Con
esta muestra reducida distinguimos entonces, en primer lugar, el tipo de
verbo que se presenta en el núcleo del predicado, diferenciando solamente
el verbo tener de todos los demás. Obtuvimos entonces los
siguientes resultados:
cuadro 4. Sujeto
[+humano], Objeto [+humano]
y tipo de
verbo (CSM)
|
|
A |
% |
cero |
% |
total |
|
tener |
4 |
10.5 |
34 |
89.5 |
38 |
|
otros |
33 |
50.8 |
32 |
49.2 |
65 |
De
acuerdo con Moliner tener, como verbo transitivo, tiene la
particularidad de que "lleva complemento sin preposición aunque sea
de persona y no sea partitivo" (1994, tomo 2:1286-7) y este verbo
presentará entonces objetos directos con a únicamente en ciertos
casos, a saber, cuando el sintagma nominal sea, también, [+definido].
Esto es lo que sucede en nuestros datos, de los cuales tomamos los
ejemplos siguientes:
|
9.
a. |
[-def]
... y yo tenía un enamorado allá, era un policía
(MDD5FB:339) |
|
b. |
[+def]
ustedes tuvieron la fortuna que... usted tuvo a la abuela y al
abuelo (MDB3FB:555) |
En
relación con el verbo tener, los resultados del cuadro 4 podrían
hacer pensar que la presencia exigua de la preposición se debe a las
razones que propone Moliner y acabamos de mostrar en los ejemplos, ahora
bien, en la muestra también encontramos los siguientes casos:
|
10.
a. |
...
pero como yo me salí cuando tuve mi primer hijo (MDC5FA:82) |
|
b. |
mamá
no quería que yo me casara porque... yo tuve mi primerhijo...
(MDC5FA:151) |
|
c. |
...
le doy gracias a Dios, bueno, tuve mi hijo )no? (MDB3FB:532) |
|
d. |
yo
tenía dieciocho años cuando tuve el primer muchacho... y yo
era una muchacha buena (MDD5FB:328) |
en
los cuales, dado el rasgo [+definido], la "regla" permite
esperar la presencia de la preposición.
En
lo que respecta a los otros verbos, según lo que hemos dicho hasta ahora
estos deberían regir todos un objeto directo con preposición (puesto que
tanto el sujeto como el objeto son [+humano]), sin embargo, cuando
esperábamos encontrar un 100% de ocurrencias con preposición
encontramos, por el contrario, un 49.2% de casos sin a, como en los
siguientes ejemplos:
|
11.
a. |
bueno
usted no no llegó... a conocer ese... teniente L. que era de la
radio Universidad (MDD5FB:77) |
|
b. |
y
de pronto [ellos] ven una monjita pidiendo una cola [...] suben y
ven la monjita que está dentro de la camioneta, la habían acabado
de ver en la catedral (MDD3FB:294 y 300) |
|
c. |
hacen
fiesta y buscan el Niño [Jesús], se roban el Niño, y luego buscan
un conjunto y... van a buscar el Niño (MDC1FA:254) |
|
d. |
a
las nueve de la mañana cantaban gloria... ahí y también tapaban
los santos, ahora no es... así... (MDC5FA:342) |
|
e. |
siempre
las parejitas tratan de buscar otras parejitas (MDA5FA:384) |
Debemos
entonces considerar otra variable, esto es, los resultados relativos a la
definición del objeto directo, para tratar de determinar la causa de esta
variación o, en todo caso, deslindar mejor los rasgos que podrían
afectarla.
cuadro 5. Objeto
["definido] y tipo de verbo (CSM)
|
|
|
A |
% |
cero |
% |
total |
|
+def |
tener |
4/37
10.8% |
40.0 |
6/66
9.0% |
60.0 |
10 |
|
|
otros |
33/37
67.6% |
59.5 |
17/66
25.8% |
40.5 |
42 |
|
-def |
tener |
|
|
28/66
42.4% |
100 |
28 |
|
|
otros |
8/37
21.6% |
34.8 |
15/66
22.7% |
65.2 |
23 |
Las
cifras en este cuadro permiten, en primer lugar, corroborar la incidencia
del rasgo [+definido] en la presencia o ausencia de a en los
objetos directos del verbo tener: como puede verse, únicamente los
objetos directos definidos presentan la a y, solo ellos, aceptan
alternancia (ver ejemplos en 10). En relación con los demás verbos, el
rasgo [+definido] que, junto al de [+humano] debería determinar la
presencia segura de la preposición, lo hace solamente en el 59.5% de los
casos, mientras que en el 40.5% restante la preposición no aparece. Por
su parte, los casos de objeto [+humano -definido] se comportan de acuerdo
con lo esperado pues el rasgo [-definido] puede determinar la alternancia.
Verificamos
entonces la influencia que podía ejercer el rasgo [activación de la
información], esto es, el estatus informativo del sintagma nominal en la
relación con su referencia.
cuadro 6. Objeto
["dado] y tipo de verbo (CSM)
|
|
|
A |
% |
cero |
% |
total |
|
+dado |
tener |
4/37
10.8%
|
30.8 |
9/66
13.7% |
69.2 |
13 |
|
|
otros |
25/37
67.5% |
61.0 |
16/66
24.2% |
39.0 |
41 |
|
-dado |
tener |
|
|
25/66
37.9% |
100 |
25 |
|
|
otros |
8/37
21.6% |
33.3 |
16/66
24.2% |
66.7 |
24 |
Como
puede verse en este cuadro, en relación con el verbo tener,
además de [+humano +definido], el sintagma nominal objeto que acompaña a
este verbo debe ser [+dado] para que la a aparezca en él. Los
cuatro casos que encontramos en el cuadro 5, en la casilla de los objetos
[+definido], son los mismos que encontramos ahora en la casilla de los
objetos [+dado].
Por
su parte, el resto de los verbos favorece la alternancia cuando el
sintagma nominal es [-dado]. Si vemos las cifras en el cuadro 6 notaremos
que cuando el objeto directo presenta los rasgos [+humano +dado] se
favorece la presencia de la preposición (61%), mientras que, cuando el
objeto se caracteriza como [+humano -dado], la evidencia de alternancia es
mayor (66.7%).
Para
determinar cómo podrían actuar los tres rasgos considerados hasta ahora,
confrontamos estos resultados tal como aparece en el cuadro 7, esto es,
consideramos la definición y la activación en los 65 casos de objeto
directo con otros verbos en los cuales tanto el sujeto como el objeto
presentan el rasgo [+humano].
cuadro 7. 65
casos con otros verbos, sujeto y objeto [+humano],
distribuciónde
acuerdo con la definición [d]
y activación
[D] del objeto (CSM)
|
|
A |
% |
cero |
% |
total |
|
+d +D |
21/33
63.7% |
61.8 |
13/32
40.6% |
38.2 |
34 |
|
+d -D |
4/33
12.1% |
50 |
4/32
12.5% |
50 |
8 |
|
-d +D |
4/33
12.1% |
57 |
3/32
9.4% |
43 |
7 |
|
-d -D |
4/33
12.1% |
25 |
12/32
37.5% |
75 |
16 |
Este
cuadro deja ver cifras "diagonalmente opuestas", es decir,
encontramos que, en los casos que sí anteponen la preposición, un 63.7%
de estos ocurre cuando el objeto presenta los rasgos positivos de
definición y activación, lo cual, a su vez, representa el 61.8% de los
objetos con esta caracterización; por el contrario, los objetos que se
caracterizan como [-definido] y [-dado] aparecen, en un 75% de los casos,
sin la preposición. Entre ellos, las cifras que representan a los
sintagmas nominales en los cuales solo uno de los rasgos es positivo se
reparten casi equitativamente entre la preposición y su ausencia. Así,
estas cifras nos permiten pensar que, en efecto, el rasgo [+dado]
determina, con mucho, la presencia de a.
Consideremos
ahora los datos relacionados con el tipo de referencia que el hablante
está tratando de establecer en su discurso, esto es, las cifras que
muestran la actuación de los rasgos [identificable] y [genérico].
cuadro 8. Objeto
["identificable] y tipo de verbo (CSM)
|
|
|
A |
% |
cero |
% |
total |
|
+id |
tener |
4/37
10.8% |
28.5 |
10/66
15.2% |
71.5 |
14 |
|
|
otros |
23/37
62.2% |
59.0 |
16/66
24.2% |
41.0 |
39 |
|
-id |
tener |
|
|
24/66
36.4% |
100 |
24 |
|
|
otros |
10/37
27.0% |
38.5 |
16/66
24.2% |
61.5 |
26 |
El
cuadro 8 presenta los resultados de la consideración del rasgo
[identificable]. Nos encontramos de nuevo allí con los cuatro casos de
objeto directo de tener con a, esta vez en la casilla de los
sintagmas nominales que presentan el rasgo [+identificable], solo estos
anteponen la preposición, todos los demás la eliden aún cuando, hay que
notarlo, entre los objetos directos de tener sin la preposición
hay algunos que también pueden caracterizarse como [+identificable], tal
como aparece en los ejemplos presentados en 10.
En
el caso de los demás verbos, una vez más la tradición gramatical nos
hacía esperar que todos los objetos directos que pudieran categorizarse
como [+identificable] se presentarían en la casilla de los objetos
directos con preposición, sin embargo, encontramos allí solo el 59% de
los casos. Esta cifra, que podría hacernos pensar que el rasgo es
indiferente a la aparición o no de la preposición, debe interpretarse
más bien como muy pertinente puesto que, como dijimos, no tendríamos por
qué esperar alternancia o, en todo caso, no una alternancia tal que
determinara la relación 59 versus 41 según se presente o no la
preposición (respectivamente). Así, el rasgo, en efecto, parece
determinar la presencia de la preposición pues, cuando el objeto se
caracteriza negativamente con respecto a este rasgo, la tendencia de que a
no aparezca alcanza un 61.5% (frente al 38.5% de objetos con a).
Ahora
veremos que las cifras relacionadas con el rasgo [genérico] se comportan
de manera similar a las que acabamos de considerar, esto es lo que puede
verse en el cuadro 9.
cuadro 9. Objeto
["genérico] y tipo de verbo (CSM)
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