Ponencia
presentada en el II Coloquio Nacional de Análisis del Discurso, promovido
por la Asociación Latinoamericana de Analistas del Discurso (ALED):
Mérida (Venezuela), junio 1998.
Estructuras
narrativas en el español de Mérida:
la sintaxis
Carmen Luisa
Domínguez Mujica
Todos
sabemos lo que es un buen narrador, lo reconocemos y nos encantamos con su
arte cuando lo tenemos delante. El Corpus sociolingüístico de la
ciudad de Mérida, por las características mismas de su recolección,
está lleno de narraciones y la lectura o la escucha de estas hace
aparecer diferentes maneras de contar y diferentes estrategias para poner
en palabras las experiencias, las vivencias, las anécdotas. Este trabajo
parte de esa observación y de la intención de describir algunas de estas
estrategias y caracterizarlas lingüísticamente.
Hemos
seleccionado narraciones de varios hablantes del Corpus
sociolingüístico de Mérida, que nos parecen representativas de la
variedad que hay en la muestra general. Cada una de las narraciones fue
segmentada en unidades de entonación, esto es, un segmento del texto que
está delimitado por un contorno entonativo coherente, por una pausa y/o
un alargamiento de la sílaba final, perceptibles para el oyente. También
distinguimos las diferentes partes constituyentes de la narración
siguiendo para ello el esquema que propone Labov (tal como puede verse en
el volante).
La
línea sintagmática de la expresión verbal es una línea en el tiempo,
se produce como línea y se recibe también como sucesión. El hablante,
cuando habla, reconoce la "limitación" de la línea y la
necesidad de presentar unidimensionalmente, sucesivamente, sus ideas, su
conocimiento, su punto de vista. Así considerada, la línea sintagmática
acepta la metáfora de Lenneberg, según el cual la secuencia de los
sonidos del habla
constituye
un tren de palabras, es un esquema de sonidos de alguna manera
análogo a un mosaico, en este último se coloca una piedra después
de la otra, pero la imagen total debe estar en la mente del artista
desde antes de empezar a pegar las piezas (1975:134)
Lenneberg
considera igualmente que no solo es la sucesión de los sonidos del habla
la que está dominada por el tiempo, sino que este es relevante para todas
las acciones humanas, aunque no es discernible si no responde a lo que
representa su "naturaleza básica", esto es, un pulso o golpe
implícito.
De
acuerdo con esto, Lenneberg afirma que "en cualquier medio, un
esquema temporal significa un pulso portador con modulaciones"
(1975:135) y encontrará en la periodicidad de ese esquema temporal las
razones para referirse al ritmo presente en todas las acciones
humanas, que puede estar marcado por pulsos equidistantes o simplemente
por oscilaciones (tales como día/noche, sueño/vigilia); ritmo presente
en todas las acciones humanas y, seguramente, solo identificable para esta
especie.
Así,
en la base de nuestra actividad cerebral, la línea del tiempo está
dotada, además, de un esquema rítmico, que no es necesariamente medible
con un cronómetro o un metrónomo, sino que depende más bien de la
percepción de un cambio, de una oscilación, de una variación en el
esquema, variación rítmica, que dependerá de los lapsos entre los
pulsos y que admitirá, como en música, el accelerando y el ritardando.
El
estudio de los esquemas lingüísticos que producen el ritmo en el uso de
la lengua no son extraños a los estudios literarios y de la escritura en
general; en ellos podemos encontrar la noción de ritmo como cualidad
discursiva, propia de la textualización, de la puesta en palabras, // no
como una cualidad del objeto vivido, de la vivencia, de la percepción,
sino de la puesta en palabras.
Es
entonces, el ritmo en el habla, hechura de un orador más que de una
métrica. En el año 46 a.C., Cicerón lo sabía ya.
Hablar con
un buen estilo oratorio, Bruto -tú lo sabes mejor que nadie- no es
otra cosa que hablar con las mejores ideas y las palabras más
escogidas. Y no hay ninguna idea que sea provechosa al orador sino
está expuesta de una forma armoniosa y acabada; y no aparece el
brillo de las palabras, si no están cuidadosamente colocadas; y una y
otra cosa es realzada por el ritmo; mas el ritmo -esto hay que
repetirlo constantemente- no solo no está sujeto a las leyes de la
poesía, sino que incluso las evita y no se parece en nada a ella; y
no es que no sea el mismo el ritmo en los oradores y en los poetas, e
incluso en los que hablan y, en fin, en todo aquello que tiene sonido
y puede ser medido por los oídos, sino que la colocación de los pies
hace que lo que se dice parezca semejante a prosa o a poesía.
Es
necesario, pues, utilizar esta técnica -ya se llame colocación, ya
acabado, ya ritmo-, si se quiere hablar de una manera elegante, no
solamente, como dicen Aristóteles y Teofrasto, para que el discurso
no corra sin límites, como un río -discurso que debe pararse, no en
función del aliento del que habla o de la puntuación del copista,
sino según lo exija el ritmo-, sino también porque si está
elaborado tiene mucha más fuerza que si está suelto. (Cicerón
1991:149)
Están
ya, en Cicerón, los aspectos fundamentales a tratar si lo que nos
interesa es el ritmo "en los que hablan"; a saber:
-- es una
hechura del orador: toda idea es buena si se sabe decir de forma acabada,
realzada por el ritmo, que no solo es asunto de poesía;
-- hay medios
lingüísticos de los que un hablante dispone y, entre ellos, la
colocación, la factura de las oraciones, tendrá que ver con el ritmo;
-- el discurso
no corre como un río, ni como un tren, hay en él pausas, modulaciones,
oscilaciones que no dependen del aliento sino del plan discursivo, del
mosaico narrativo.
En
relación con esto último, si lo que nos interesa establecer son las
estrategias para producir el efecto rítmico en las narraciones, debemos
establecer la unidad de medida que permita mostrar que, en efecto, en la
línea temporal del texto hay un "pulso", una variación que
marca el ritmo "en los que hablan". Para este trabajo, he
decidido considerar que esa unidad (o, al menos, una de ellas) es la
unidad de entonación (entendida como segmento sintáctico, esto es,
unidad que realiza la oración en el habla, y esta puede coincidir con una
o más unidades de entonación). Entiendo que estas unidades permiten
evidenciar "las piezas del mosaico", el plan discursivo del
hablante a través de los segmentos que él mismo ha establecido.
En
las narraciones que estamos analizando, [[ de las cuales hay dos copiadas
en el volante ]], se pone en evidencia que el hablante recurre a distintas
estrategias sintácticas según el momento de la narración en que se
encuentre y de lo que está haciendo lingüísticamente y que,
independientemente de la complejidad oracional, las oraciones se realizan
de manera diferente de acuerdo con el momento de la narración.
Estos
textos muestran lo que nos parece que es el modo de elaboración de la orientación:
en ella se presentan los elementos que luego actuarán en la complicación,
esto es, los espacios y los actores que, después, serán centrales en el
desarrollo de los acontecimientos.
Así,
en el texto 2, notaremos que, en la orientación, el narrador es
sumamente cuidadoso al presentar a sus hermanos, a su papá recién
operado, a su hermana Diana y el modo como esta evita que los ladrones
entren al cuarto de su papá (líneas 15-19), y a su hermanito (líneas
27-34), hasta el punto de que deja a los ladrones en segundo plano e
incluso a sí mismo, actor sobreentendido de esta historia. Para ser tan
detallista, el hablante debe incrustar información en otra y, hablando de
su hermano, cuando considera necesario explicar por qué no estaba
durmiendo en su cuarto, dice (líneas 27-34):
mi hermano
que estaba durmiendo con Diana,
porque había
llegado una visita esa Semana Santa,
la que es
aho... actualmente esposa de mi hermano mayor,
y entonces
tuvi... tuvo que,
mi
hermanito,
pasar a
dormir en el cuarto de ella,
los ladrones
pues no le hicieron nada porque lo vieron pequeño,
sin embargo
no es tan pequeño no?
Para
incrustar informaciones, para "situar" a su referente, el
hablante debe incrementar, en unidades de entonación sucesivas, la
información relacionada con la identificación de su referente. Esto
mismo sucede en el texto 1, en el cual la hablante explica su situación,
presenta la casa donde trabajaba y por decir la "migajita" que
comía, lo dice dos veces (líneas 8-11):
donde una
señora me fui
y entonces me
daba frijoles y cambures todos los días y... a mí
ese frijoles
y cambures comíanos alla
y yo venía
por comer una migajita al menos
De
esta manera sucede en todos los textos que estamos considerando aquí: en
virtud de su función macroestructural en la narración, la orientación
se articula fundamentalmente en el ámbito del sintagma nominal, para la
presentación y la determinación de la referencia a espacios y personajes
que, una vez presentados por el narrador, conocidos para el receptor de la
historia, podrán dejar el centro de la atención y,
morfosintácticamente, codificarse como pronombre o cero; en la
narración, dejarán el centro de la atención a la sucesión de eventos
que constituyen la narración misma, y esto es lo que aparece en la complicación:
puesto que en la complicación se narra el desarrollo de los
acontecimientos, esta presenta sucesiones de eventos por lo que, casi
naturalmente, se construye en el ámbito del sintagma verbal y, por este
mismo motivo, las estructuras oracionales se hacen elípticas, en tanto,
como decía antes, la mayoría de los referentes aparecen solo
pronominalmente.
Consideremos
detalladamente un ejemplo (texto 1, líneas 16-33):
y se metió
al baño y...
y se mató,
con... con el
orillo del baño,
que tenía un
orillo,
se resbaló
y se cayó
y no salía
y no salía
y no salía,
y era recién
casado,
y no salía,
y tumbaron la
puerta
y era que se
había muerto,
se murió
La
hablante nos ha venido diciendo sus malos momentos y, entre ellos, cuánto
se aburría en esa casa, cuán incómoda se encontraba y, para
demostrarlo, narra la triste historia de un señor, que era recién casado
por lo que, a su entender, la historia es más triste todavía. Lo que
aparece en esta narración, después de haber presentado al señor recién
casado, es una pura sucesión de eventos: entrar, resbalarse, caerse, no
salir, porque se había muerto (línea 32); más aún, para
mantener la perfectividad de los de los eventos, la hablante reelabora,
rotundamente: se murió (línea 33).
Pasamos
así, en esta historia, de la presentación de una situación personal que
se construye nominalmente (en la orientación), a una sucesión verbal (en
la complicación). Esta sucesión está doblemente marcada, por la serie
verbal misma (que permite, por su laconismo, la aceleración del ritmo) y
por las conjunciones que inician las unidades de entonación (que marcan
un pulso incluso medible).
Los
textos como 2, más largos y más complejos, presentan varias secuencias
verbales de este tipo. En la complicación del texto 2 (líneas
38-52), empieza verdaderamente la historia de los ladrones, el
"enfrentamiento" pues, hasta este momento, la historia (como
vimos) se había centrado más en los hermanos del narrador:
mi hermano
trancó la puerta
y empezó a
pegar gritos:
"ladrones,
ladrones,
ladrones".
Mi papá
salió con... la pistola pues,
a ver qué
era lo que pasaba,
creyendo que
los ladrones estaban en la parte...
la parte
externa de la casa y...
el ladrón
estaba en todo el pasillo.
Cuando él
sale armado con la pistola
y el ladrón
le ve la pistola pues...
le dispara,
papá logra
meterse en un baño
y la pistola
quedó trancada...
Enseguida
el texto "frena" la narración de los eventos para contarnos
más bien las actitudes y las sensaciones de los personajes, un cuento
dentro de otro cuento: lo que cada quién sintió (líneas 53-63). El
enfrentamiento continúa en la línea 64:
bueno los
ladrones se asustaron tanto que salieron...
se tiraron
por el balcón,
entonces mi
hermano,
uno de mis
hermanos,
que... lo
tenían en el cuarto...
logró abrir
el cuarto y...
soltar a los
perros,
Aparecen
en esta secuencia, finalmente, los perros, que habían sido
mencionados mucho antes de esta historia y que resultan la razón para
contarla: esta historia se cuenta para demostrar que, estos perros, no son
buenos guardianes de la casa y, para confirmarlo, hay que introducir
nuevos personajes en la historia, con lo cual se produce un ritardando en
la secuencia de los eventos relacionados con el "enfrentamiento"
y se pasa más bien a describir a los vecinos y su rol en la historia
(líneas 71-85).
Puesto
que lo que les he presentado hasta aquí son avances de investigación,
también presentaré conclusiones preliminares, a saber:
Los
ejemplos que acabo de presentar, típicos en relación con el resto de las
narraciones que estamos analizando, permiten pensar que en la
macroestructura narrativa, orientación y complicación cumplen dos
funciones diferentes, esto es, respectivamente, el establecimiento de la
referencia y la narración de los sucesos.
Como
consecuencia de esto, la orientación se formula en oraciones
"presentadoras de estados", centradas, como dijimos antes, en el
ámbito del sintagma nominal, mediante la inclusión (en nuevas unidades
de entonación) de informaciones relacionadas en el área de la
identificabilidad del referente; mientras que la complicación requiere
oraciones "presentadoras de acciones", en las cuales es el verbo
el encargado de aportar información y permite oraciones con elipsis
nominal.
Los
textos como 2 permiten ejemplificar lo que acabo de decir pues justamente
como la complicación en estos textos es más compleja, ya que
entre las secuencias de eventos aparecen nuevos personajes y, con ello, se
pasa de una función a otra, justamente por ello, estas narraciones
permiten mostrar con claridad que, en efecto, hay diferencia sintáctica
y, obviamente, textual, entre los momentos de presentación de referentes
y los de sucesión de eventos.
También,
al ritmo pausado de la orientación, de la presentación de
espacios y personas, se opone el ritmo más acelerado de los eventos en
seguidilla, el cual vuelve a retardarse en la coda o en la evaluación. Si
el ritmo depende de una variación en el esquema, de una oscilación,
entonces este cambio en la armazón oracional tiene consecuencias
rítmicas: la variación que se produce por la diferente configuración de
las oraciones puede influir en la percepción del ritmo en las narraciones
y, quizá, sea usada por el hablante con este fin.