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actitudes lingüísticas en mérida y maracaibo:
otra cara de la identidad
Alexandra Álvarez, Hernán Martínez y Lino Urdaneta
Universidad de los Andes, Mérida
Boletín Antropológico, 2001,52:
145 - 166.
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Prestigio y
poder no siempre van de la mano. Este
estudio sobre actitudes lingüísticas en Mérida y Maracaibo muestra
cómo los hablantes de estas ciudades no valoran positivamente al dialecto
de la capital, Caracas. Se encontró, como resultado de una encuesta que,
en lo racional, los hablantes de ambas regiones prefieren el dialecto
merideño mientras que, en lo afectivo, cada una de las regiones valora su propio dialecto por sobre
el caraqueño. Las opiniones de merideños y zulianos parecen orientarse más en sus antiguas relaciones
históricas que en las relaciones políticas actuales.
Prestige and power do not
always hold hands. This study
about language attitudes in Mérida and Maracaibo shows how speakers of
these cities do not value positively the dialect of the capital, Caracas. As a result of an survey it was found that in rational issues
the speakers of both regions prefer the dialect spoken in Mérida, whereas
in emotional issues, each prefers their own dialect over the dialect of
Caracas. The opinions of the
citizens of Mérida and Maracaibo seem to be oriented by their old
historical relationships than by there actual political ones.
Palabras
clave: ACTITUDES LINGÜÍSTICAS, IDENTIDAD, SOCIOLINGÜÍSTICA
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La identidad, ese “rostro” de las personas y los grupos
humanos, tal como ha sido definido por Goffmann, es un guión narrativo
que se desarrolla en los contactos con otras personas, una imagen de sí
mismo que es corroborada o no por
los demás y que suscita una respuesta emocional. La identidad supone una
alteridad y podrían considerarse ambas como caras de una misma moneda,
porque la identidad que construyo depende de la respuesta del otro y
asimismo, la identidad del otro depende de mi reacción ante él.
La identidad está relacionada con la cognición, con los afectos y
con las acciones. La imagen
se compone así de lo que sabemos, por ejemplo sobre nuestro grupo o sobre
nosotros mismos; por lo que
nos gusta o nos disgusta y por algunos actos que tienen que ver con
nuestra identidad, como ir a determinadas celebraciones religiosas, comer ciertos platos, celebrar cumpleaños de una forma
especial, enterrar a nuestros muertos según ciertas costumbres. Todo esto se relaciona con la historia de los grupos y de
los individuos, como símbolos que ayudan a encontrar una historia común
que los reúne en un solo presente.
La identidad se
manifiesta en las actitudes, en
acciones evaluativas de los seres humanos ante otros seres humanos, la postura que asumimos ante
los demás y la reacción que ellos generan en
nosotros. En psicología social, la actitud se explica cómo “la presencia real o simbólica de un objeto genera
generalmente una reacción evaluativa favorable o desfavorable, la actitud
hacia el objeto” (Ajzen, 1988; citado por Baker, 1992). Esto se desprende de
la etimología del vocablo, así, la palabra actitud está documentada por Corominas
(1976) en 1633:
“Del it. attitudine”, ‘aptitud”, ‘postura, actitud’ tomada del
latín aptitudo; el segundo
significado lo tomó en italiano, por influjo de atto, ‘acto’ y su familia” (Corominas, 1976:26). En el español actual parece
restringirse el significado ‘capacidad” ‘aptitud’ a la palabra aptitud y actitud se entiende más bien como ‘postura’.
Las
actitudes lingüísticas
La identidad está muy relacionada con el lenguaje, de manera que
podemos llegar a confundir lo que sentimos hacia el otro con la
valoración que hacemos de su manera de hablar. Esto le permite decir a
Obediente (1999 : 213) :
Identidad
y dialecto son términos que, en lingüística, se implican mutuamente. Si por dialecto entendemos una
variedad regional de lengua propia de una comunidad hablante
geográficamente circunscrita, estamos diciendo no sólo que ésta posee
una serie de rasgos que caracteriza su habla sino que también la
distingue de las otras comunidades de la misma lengua. Así, cada comunidad hablante al
reconocerse como formando un grupo dialectal, se identifica como diferente
de las otras, por tanto, única.
Ya
Fishman (1988), cuando estudia el concepto de nacionalidad, encuentra que el lenguaje está íntimamente ligado con lo
étnico: los lazos que hay
entre el lenguaje y la etnicidad son obvios, dado que el mayor sistema simbólico
de la especie humana debe asociarse con la formación de grupos
humanos. En los casos de la gente común, este lazo se podría dar si
hubiera una conciencia muy fuerte. Sin
embargo, el proceso de modernización hace que estos lazos sean más
importantes y los hay también con la religión, ya que ésta se recibe a
través del lenguaje .
Para Moreno Fernández (1998:179), "la actitud lingüística
es una manifestación de la actitud social de los individuos, distinguida
por centrarse y referirse específicamente tanto a la lengua como al uso
que de ella se hace en sociedad”. Esta actitud puede ser positiva o
negativa según la disposición que el interlocutor presente hacia el
hablar de “los otros”, lo que redundará en beneficio o detrimento del
cultivo, del aprendizaje o simplemente la simpatía que se tenga hacia los
distintos giros o variedades lingüísticas existentes. En efecto, se tienen posturas hacia una
lengua o un dialecto en particular,
de modo que las
actitudes lingüísticas son, en alguna medida, esa respuesta ante el
otro, específicamente ante
la manera de hablar del otro, la variedad,
el dialecto, la lengua del otro.
Las actitudes dependen
de varios factores, como por ejemplo los grupos de género, edad o tipo de
escuela; en general, se encuentra que en las actitudes lingüísticas
tienen mucha importancia las instituciones
como la familia y la escuela aun cuando la
influencia familiar ha
disminuido con respecto a otras agencias de socialización como los padres
y los medios de comunicación. De las instituciones que tienen que ver con
el cambio de actitud, la escuela parece ser la más influyente de todas (Baker, 1992) .
Las actitudes hacia el lenguaje
tienden a cambiar también con
la edad. Baker (1992)
encuentra, al estudiar el gaélico, que
durante la adolescencia la actitud deja de ser favorable hacia las lenguas
minoritarias celtas; más tarde las actitudes pueden revisarse y puede
haber un cambio de reglas (Baker,
1992:106). También Alvarez y Medina (1999) encontraron que los adolescentes de tres
escuelas de la ciudad de San Cristóbal, en los Andes venezolanos,
prefirieron el dialecto de la capital en las escalas emotivas, aunque los
autores interpretaron esa tendencia como
una moda pasajera (age grading) y no como un cambio en progreso
hacia el dialecto de la capital.
Sin embargo, para Fasold (1984), no hay una
relación directa entre la identidad y las actitudes hacia la lengua. Esto
se demuestra en tres estudios, como el de
Carranza y Ryan (1975) quienes, observando un grupo de chicanos,
encontraron que ellos daban una puntuación más alta al inglés que al
español en las escalas de status, pero también en las escalas de
solidaridad. En otro trabajo, El
Dash y Tucker (1975) encontraron en tres escritos diferentes, incluyendo
el suyo propio, que las variedades lingüísticas superpuestas son
preferidas a las lenguas maternas. Finalmente, Trudgill y Tzavaras (1977)
encuentran que los jóvenes arvanitas
aceptan que es necesario hablar arvanitica para ser arvanita y aunque son conscientes de que la
lengua está desapareciendo, no les importa y resuelven el conflicto, en
la diglosia, a favor de la identidad y la lengua griegas, o sea, la lengua
que tiene el poder.
Los problemas observados por Fasold (1993) se deben quizás a que
también hay una relación entre actitudes y prestigio. Así, las actitudes lingüísticas
suelen ser favorables a los
dialectos de grupos de alto nivel social y cultural. Asimismo, se da a
menudo una reacción favorable a los grupos de poder. De la mayoría de
los estudios revisados, salvo de los de Bentivoglio y Sedano (1999), Obediente (1999) y Alvarez y Medina (1999) todos
sobre Venezuela, se desprende que el dialecto de la región que ostenta el
poder político es también, generalmente, el dialecto de prestigio. En el
caso de Álvarez y Medina se podría explicar la preferencia de los alumnos de liceo en los Andes por
el dialecto de la capital del país en algunas preguntas, por ejemplo
podría explicarse porque los estudiantes pueden estar inclinados a
presentar el punto de vista oficial, es decir, el representado por sus
profesores; este asunto ha sido discutido también por Alvarez y Medina,
en el trabajo sobre adolescentes de los Andes venezolanos (1999).
Trabajos como los de Giles (1973), Giles,
Bourhis y Taylor (1977)
Lambert (1978), en el ámbito
anglosajón y en el ámbito hispánico, los de López Morales (1979,
1989), Lope Blanch (1986) Alvar y Quilis (1984) Vaquero (1978), y Bentivoglio y Sedano (1999), entre
otros, han desarrollado y establecido conceptos y métodos para el estudio
de las actitudes lingüísticas. Mención
aparte merecen los trabajos de Labov (1974)
que indican la importancia de estudiar las actitudes relacionadas
con el lenguaje, ya que los resultados de estas pesquisas permiten, por un
lado, observar la visión social de ciertos grupos humanos y, por el otro,
comprender y explicar mejor algunos fenómenos de cambio lingüístico, generados por el prestigio
adjudicado, en una determinada comunidad, a una particular forma de
lenguaje. Actualmente, se estudian las actitudes de una manera mucho más
exhaustiva, en el cambio constante que se da en la acomodación de los
hablantes en el contexto y en la interacción, a través de todos los
niveles del lenguaje (Giles, Coupland y Coupland (1991).
Hay numerosos estudios de actitudes
lingüísticas sobre el
español. La mayoría de
ellos se ha realizado en comunidades diglósicas, es decir, en comunidades
donde las diferencias entre las lenguas coexistentes están dadas por la
noción de prestigio y por las funciones que cumple cada una de las
lenguas habladas en la comunidad. Podemos
mencionar, entre otros, los estudios realizados en las comunidades
hispanas radicadas en Estados Unidos, como Carranza (1992) y Flores y
Hopper (1975), los De Granda (1980) sobre el Paraguay, los de Quilis
(1983) en Guinea Ecuatorial. Son
dignos de mención también otros trabajos, sobre actitudes hacia
distintas variedades del español, como el estudio de actitudes
lingüísticas de Solé (1992) sobre Buenos Aires y
Alvar y Quilis (1984) sobre la actitud de los hispanohablantes ante los
diferentes dialectos del español.
Conocer las actitudes
de los individuos y de los
grupos humanos podrían ayudarnos a predecir, al menos hasta un cierto
punto, el comportamiento de los individuos y de sus grupos hacia otros
individuos u otros grupos humanos.
Los
motivos
La región andina
venezolana tiene para
nosotros un interés especial porque ninguno de los autores es nativo de
esta región, por lo que el estudio representa no solamente un interés
académico, sino también vital. , es un problema de
competencia comunicativa. La región de los Andes venezolanos es, muy rica desde el punto de vista
lingüístico y ha sido objeto de estudios previos que evidencian aspectos
fonéticos morfológicos interesantes (cf. por ejemplo Alvarez y
Villamizar, 1998/1999, Alvarez y Villamizar, 1999; Alvarez y Barros, 2001)
o bien su enorme potencial discursivo (Alvarez y Domínguez, 1999;
Alvarez, 2000). Al preguntarnos sobre las normas que imperan en la
región, nos dimos cuenta de que el dialecto de prestigio no era el de la
capital del país: allí comenzó nuestra pesquisa.
Encontramos que, en la mayoría de los estudios sobre actitudes,
salvo en los realizados sobre
Venezuela, como veremos más adelante,
se desprende que el dialecto de la región que ostenta el poder
político es también, generalmente, el dialecto de prestigio. Van Dijk (1977:17) considera también además el poder social, ligado con el prestigio, definido
como la relación específica entre los grupos sociales o las
instituciones (van Dijk, 1997:17
De acuerdo con lo anterior, uno de los puntos de interés de este
trabajo reside en la distinción
de los conceptos de prestigio y poder. Según lo que hemos podido
apreciar, la literatura sobre actitudes lingüísticas no distingue
habitualmente entre estos conceptos. Sin embargo, prestigio y poder no siempre coinciden en la
práctica. De hecho, se encuentran diferenciadas en Max Weber (1962, citado por
Kottak, 1997:139) para distinguir tres dimensiones relacionadas de la
estratificación social y da las siguientes definiciones de ellas:
1) El status
económico, o riqueza, que
abarca todos los bienes materiales de una persona, incluidos los ingresos,
la tierra y otros tipos de propiedad. 2) el poder, la capacidad de imponer a
otros la propia voluntad (hacer lo que uno quiere) que es la base del status político. 3)
El prestigio, base del status
social, hace referencia a la estima, el respeto o la aprobación por
actos, hazañas o cualidades consideradas ejemplares. El prestigio o “capital cultural”
(Bourdieu, 1984), proporciona a la gente un sentido de dignidad y respeto,
algo que con frecuencia puede convertirse en ventajas económicas.
Si bien en la región capital de Venezuela, Caracas, se encuentra
probablemente tanto el poder político como la sede de la riqueza, no parece estar allí
el prestigio lingüístico. Bentivoglio y Sedano (1999) muestran que ni
siquiera los caraqueños se muestran orgullosos de su dialecto natal. Alvarez y Medina (1999) señalan
que los adolescentes tachirenses no eligen como prestigioso, en todos los
ámbitos, el dialecto caraqueño.
A nuestro modo de ver, puede encontrarse, en la importancia del
papel político y cultural que le tocó jugar a Mérida en la historia
como capital de la antigua Provincia de Mérida, y en la distancia física
que la separó siempre de Caracas, la razón de la fuerte identidad merideña y también de su
postura hacia la capital del país. Un poco más de dos siglos no han
cambiado, como veremos en este estudio,
la evaluación de los merideños
de los habitantes de la capital del país. En Mérida, como veremos, no
tiene prestigio el habla de Caracas y tampoco la de Maracaibo,
antes bien, valoran su propia variedad por encima de las dos anteriores.
En Maracaibo se valora también el dialecto propio, aunque con alguna
excepción. Este trabajo parece evidenciar cómo todavía hoy se trasluce
la historia en las actitudes lingüísticas de los venezolanos.
En efecto, en cuanto al caso particular de la historia de
Venezuela, señalaremos para los Andes venezolanos, que esta región, hasta el año de
1776 depende en lo jurídico militar y político del Virreinato del Nuevo
Reino de Granada (cf. Franco, 1998), mucho más importante desde el punto de
vista económico y político que la Provincia de Venezuela, que se formó
en ese momento; hasta 1803
dependen en lo
eclesiástico de Colombia. Por otra parte, dadas las condiciones físicas
de los Andes, un macizo imponente de montañas, la ciudad de Mérida resulta hoy,
todavía, de difícil acceso para los viajeros. La carretera que une la zona andina con el resto del país se
construyó en la época de Juan Vicente Gómez, es decir, en el primer
trienio del siglo XX. En Alvarez y Freites (2000) se dice: “No hay que
olvidar, en efecto, que la identificación del andino con lo venezolano es
relativamente reciente: sólamente desde Cipriano Castro se reconoce la
región de los Andes como parte integrante del territorio nacional y,
desde una perspectiva más práctica, hasta hace veinte años el traslado
desde al centro tenía más visos de viaje al extranjero que cruzar, en
cinco minutos desde San Antonio, o una hora desde San Cristóbal, la
frontera internacional”.
Asimismo, es curiosa la relación de los merideños con los
maracuchos o marabinos, habitantes de Maracaibo. Desde 1625 la ciudad de Mérida había sido capital de la
Provincia de Mérida y residencia del Gobernador. En 1676, por Real Cédula,
debido a razones administrativas y para unificar la defensa del Lago del
mismo nombre, la ciudad de
Maracaibo, que pertenecía a la Provincia de Venezuela, pasa a formar
parte de la Provincia de Mérida en calidad de capital, lo que hace que
los gobernadores pasen de Mérida a Maracaibo, reduciendo la importancia
política de aquella ciudad (cf. Franco, 1998). Todavía hoy los habitantes de Maracaibo acuden
gustosos en vacaciones, ferias, etc. a la ciudad de Mérida, pero no gozan
de la simpatía de los merideños, quienes los consideran como mal
educados y groseros.
el estudio de las actitudes
lingüísticas en venezuela
En relación con Venezuela, específicamente, el estudio de las
actitudes lingüísticas es reciente.
El estudio pionero es el de Bentivoglio y Sedano (1999) sobre la actitud de caraqueños y
madrileños hacia las distintas variedades del español, cuyo objetivo fue conocer la actitud que mostraban
ambos grupos hacia su propia variedad regional y hacia las variedades de
otros países del continente - Colombia, Argentina, Cuba, las Canarias,
México. La metodología se centró en una cinta estímulo con fragmentos de habla
informal de siete mujeres, cada una de ellas nacida y residenciada en una
ciudad hispanohablante diferente.
El método seleccionado
para la encuesta fue el del cuestionario directo: las respuestas
permitían obtener una serie de datos de la actitud hacia la variedad
dialectal de los hablantes de la cinta.
Bentivoglio y Sedano (1999) muestran que los dialectos valorados positivamente
en la primera parte del cuestionario son diferentes en Caracas y en
Madrid; en ambas ciudades se otorga a
importancia al dialecto
propio, pero el dialecto de Madrid ocupa un lugar más importante para los
madrileños que el que ocupa el de Caracas para los caraqueños. Es
notable la admiración de los caraqueños por el dialecto de Bogotá,
mientras que los madrileños se centran en su propio dialecto. El grupo de
Caracas identifica, en una proporción bastante alta, todos los dialectos,
con excepción del de Las Palmas en Canarias, mientras que los madrileños
identifican mejor este último, pero poseen poca capacidad para
identificar a los dialectos americanos.
La aparente inseguridad lingüística de los habitantes de Caracas
con respecto a su dialecto es sumamente interesante. Basta señalar que hasta hace no
poco tiempo se consideraba que la norma del español se encontraba en
España. La idea de una
pluralidad de normas en el ámbito hispánico es reciente (cf. Lope
Blanch, 1986) y todavía hoy
aparecen, por ejemplo, en El Nacional, uno de los dos diarios venezolanos
más importantes, columnas sobre el buen uso del lenguaje, de donde se
extrae la idea de que si una expresión no aparece en el DRAE, no existe,
o es incorrecta. Los
venezolanismos son escasos en ese diccionario, como lo reseña Colmenares
(1991) en un curioso estudio que titula “La Venezuela afásica del
Diccionario Académico”. Malaver (en prensa) señala en un trabajo sobre
las actitudes lingüística de un grupo de caraqueños que éstos
prefieren, en primer lugar el español peninsular y, en segundo lugar, el
español bogotano, y sólo un porcentaje mínimo cree que en Caracas se
habla muy bien el español.
Con respecto a los Andes Venezolanos, Obediente (1999) muestra
cómo los hablantes de la región de los Andes se diferencian en lo
dialectal del resto de Venezuela en la no velarización de la nasal
implosiva; sin embargo no velarizan tampoco la nasal posnuclear, para no
parecerse a los colombianos, sus vecinos.
Se argumenta que tal pronunciación sirve para delimitar desde el
punto de vista lingüístico su identidad: "Por un lado, quiere el
andino manifestar su pertenencia a la comunidad venezolana general, dicho
de otro modo, no quiere que lo tilden de andino colombiano, para lo cual
deja de pronunciar las [-s] finales, y por otro, dejar sentado que es de
los Andes y no de otra región venezolana, lo que manifiesta no
velarizando las nasales implosivas. Si
esto fuera así, habría que aceptar que se está dando un proceso de
revalorización del ser andino dentro de la propia comunidad
regional" (Obediente, 1999: 219).
Álvarez y Medina (1999)
estudian las actitudes de estudiantes de bachillerato de dos
liceos, uno público y uno privado, en cada una de las capitales andinas
(San Cristóbal, Mérida y Trujillo) en Venezuela. Unos veinticinco estudiantes en
cada establecimiento evaluó una cinta estímulo donde aparecían las variedades dialectales más
representativas de Venezuela: central,
oriental, zuliano, llanero y andino.
Los dialectos andinos fueron presentados por separado, de manera
que oyeron un hablante de cada una de ellas: merideña, trujillana y tachirense. Luego se le
pasó a los alumnos una encuesta indirecta, donde los investigadores se
hicieron pasar por cineastas interesados por los doblajes de películas. La hipótesis del trabajo, que en los Andes
venezolanos el dialecto de mayor prestigio es el central, no se corroboró
sino en parte, dado que los
resultados mostraron que los adolescentes tachirenses consideran su propia
variedad como prestigiosa. En
las respuestas a preguntas sobre inteligencia y cordialidad se
valora la variedad propia, y sólamente
en las respuestas sobre la representatividad del dialecto hacia el
exterior se valora más la variedad de Caracas. Esto último puede deberse, o bien
a una moda pasajera en la juventud, (age-grading) bien a un mecanismo de
presentación de sí mismo donde la actitud favorable al dialecto de
prestigio acarrea una actitud positiva hacia el hablante (lo cual, de
alguna manera, invalidaría los resultados). Se pensó en esta posibilidad
porque la investigación había sido hecha en liceos donde los alumnos
podía inclinarse hacia una posible actitud
escolar oficial. Los resultados muestran, en todo caso, un leve cambio de actitud en los jóvenes andinos hacia el dialecto de
Caracas, que no parece haber existido en las generaciones mayores. Esto se mostró, por ejemplo, en la pregunta sobre
qué dialecto elegir para los doblajes de películas. Esto ratifica, por
ejemplo, la opinión de Obediente (1999) citada arriba.
El presente estudio
se basa en un trabajo previo
realizado en el Seminario II de Lingüística de la Escuela de Letras, del
semestre B 2000, sobre actitudes lingüísticas en la ciudad de Mérida
(Álvarez et alii, 2000), donde se encontró
una actitud positiva hacia el dialecto andino en las respuestas a aquellas
preguntas que se relacionaban con la inteligencia y la razón; en lo afectivo se prefirió, por el
contrario, el dialecto
central antes que el andino. El
dialecto zuliano se
relacionó con valores negativos, de ahí
sus altos porcentajes en las respuestas afectivas. Entre las
variedades andinas, se observó como la variedad merideña ocupó el
primer lugar, en las preferencias seguida por Trujillo y Táchira.
Metodología y Análisis
El estudio se basa en un cuestionario
de 16 preguntas que, como
puede verse en los anexos, desviaba
la atención de los encuestados del
propósito de hacer un
trabajo de investigación, haciendo ver que se trataba de una encuesta
cuyo propósito, si bien tenía interés en el lenguaje, era el de
realizar un sondeo de opinión para
organizaciones regionales como el MERCOSUR. El método era directo
y se preguntaba claramente sobre los gustos con relación a los diferentes dialectos
regionales hablados en el país. En la primera sección de la encuesta se recopilaron los
datos personales de los encuestados (sexo, edad, nivel de instrucción,
etc.). La segunda parte
contiene doce preguntas destinadas a conocer la actitud de los informantes
sobre las variedades habladas en el país. Este cuestionario se pasó
primero en Mérida y más tarde, se repitió la misma encuesta en la
ciudad de Maracaibo, con hablantes de las mismas características.
Para el análisis, dividimos las preguntas en dos tipos: las
emotivas y las racionales, entendiendo por aquellas las que tienen como
intención involucrar los sentimientos y emociones de los informantes y
por las segundas aquellas que apelan a la inteligencia y racionalidad de
los encuestados. Si bien es
el criterio que se ha seguido en numerosos trabajos sobre actitudes
lingüísticas (cf. Fasold, 1993) esta división claro está, deja espacio
para la discusión, porque los campos de la afectividad y la racionalidad
no están perfectamente delimitados,
de modo que algunas decisiones
para esta clasificación fueron
difíciles: por ejemplo, dudamos con
relación a la pregunta 12.
Si usted pudiera escoger a la maestra de su hijo (a) para enseñarle a
hablar y escribir, ¿de qué
región la preferiría? porque evidentemente se trata de una decisión
sobre la educación, pero el hecho de que los niños tengan una relación
cuasi familiar con las maestras de primaria, nos hizo colocar esa pregunta
entre las afectivas. Igualmente era discutible la decisión sobre la
pregunta 9, sobre Chávez. Si
bien se trata del Presidente de la República que, por dirigir los
destinos del país debería considerarse como ligado a la razón, pensamos
que la relación de los venezolanos con esta figura pública tiene
indudablemente mucho de emocional.
Las preguntas de
carácter afectivo fueron de valoración positiva en unos casos y
negativas en otros. Ejemplos de las primeras son las preguntas:
14.¿Qué acento asocia usted con el erotismo?
3. Si Betty la Fea fuera de los Andes,
¿cómo quisiera oírla hablar?
Ejemplos de las segundas son:
4. ¿Qué acento de su país asocia al regaño?
8. ¿Cuál considera usted el acento más ordinario,
en Venezuela?
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Gráfico 1. Actitudes racionales de
andinos y zulianos hacia los dialectos de Venezuela
Como puede verse en el Gráfico 1, el dialecto de los
Andes obtuvo, entre los
merideños, en las preguntas
relacionadas con lo racional, el
53% de las preferencias, mientras que
el dialecto central obtuvo el
32%. Estos resultados revelan el prestigio que tiene este dialecto
entre sus propios hablantes. Sólo
las preguntas sobre los
medios de comunicación y la
información telefónica
favorecieron al dialecto central por sobre el andino. Estas respuestas se
relacionan, en nuestra opinión, con la realidad actual, dado que
objetivamente los locutores de radio y televisión y la información
telefónica hablan el dialecto central. El resto de los dialectos
obtuvieron muy bajos porcentajes.
Por otra parte, en el cuestionario realizado en Maracaibo, en las respuestas relacionadas con lo
racional, prevalece también
una actitud favorable al propio dialecto, es decir, el zuliano con un 38
%, seguido en segundo lugar por el dialecto de la capital con un 33 %, y en tercer lugar con un 14 %, por el de los Andes.
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Gráfico 2. Actitudes
afectivas de andinos y zulianos
hacia los dialectos de Venezuela
En las preguntas afectivas, como se ve en el Gráfico
2, los merideños mostraron mayor preferencia
por el dialecto de los Andes, con un 38%, luego por el zuliano en un 23% y
finalmente por el central, con un 24%. El dialecto central obtuvo un alto porcentaje en las preguntas
relacionadas con lo afectivo y de valoración positiva, que corresponden a
la figura política, al erotismo y a la representación de la norma
lingüística. El dialecto
zuliano, sin embargo, obtuvo
un porcentaje alto en las preguntas afectivas, debido a que en el mayor número de enunciados, los merideños
eligieron las preguntas con carácter negativo, relacionadas al regaño y
lo ordinario del dialecto.
En Maracaibo, en las
respuestas afectivas también
prevalece lo regional, en este caso lo zuliano, con un 49%, esta vez sin
embargo con valor positivo; lo siguen en
seguida el dialecto del centro, con el 21%
y el andino con un 14% y con porcentajes menores, los
demás dialectos.
Para indagar más
sobre las preferencias regionales en los Andes, hicimos, cuatro preguntas cuyas respuestas
se relacionaban con los estados andinos (3, 10, 13 y 16) , de las cuales
sólo una se refería a lo racional,
y tres de ellas a lo afectivo. En las
preguntas relacionadas con lo racional, el dialecto merideño fue el
preferido con un 86%, seguido por los otros dos, con un 7% cada uno. En lo afectivo, la preferencia
hacia el dialecto merideño fue algo menor, un 71%, hacia el tachirense,
un 21% y hacia el trujillano,
un 8%
Se evidencia, con este cuestionario, que el dialecto hablado en
Caracas no es el dialecto de prestigio del país. Por el contrario, es sorprendente ver cómo en estas
dos ciudades, en las preguntas que se refieren a la racionalidad, se elige en una alta medida el
dialecto propio. En cuanto a las respuestas afectivas se encuentra que
aquí también los hablantes valoran sus dialectos regionales lo cual,
si bien es natural por tratarse de valoraciones afectivas, no es tampoco
lo general, según lo
reportan las observaciones de Fasold
(1984), citadas arriba.
Conclusiones
En este trabajo partimos de la base de que las actitudes forman parte de la identidad
de las personas y de los grupos humanos en que éstas se desenvuelven. Sugerimos que, si la identidad
está formada por factores ligados a la cognición, a los afectos y a las
acciones, entonces las actitudes son posturas que muestran los individuos
hacia las personas de su propio grupo y de otros grupos. Las actitudes
lingüísticas se refieren a los dialectos y generalmente se dice que los
hablantes tienen preferencia hacia los dialectos de prestigio; éstos, a
su vez, están ligados normalmente, a los grupos de poder, sea éste
político, o socioeconómico.
La variedad hablada en la capital
de Venezuela, sin embargo, no
parece tener el prestigio. En
los Andes venezolanos y especialmente, en la ciudad de Mérida, esta
relación entre el prestigio y el poder no parece darse, porque los
merideños prefieren, en casi
todas las circunstancias, su propio dialecto al dialecto de la capital del
país. Este estudio sobre
actitudes lingüísticas en habitantes
de la ciudad de Mérida se proponía indagar sobre este particular y en
efecto, encontramos una
actitud positiva hacia el dialecto andino en casi todas las respuestas a
aquellas preguntas que se relacionaban con la inteligencia y la razón, en el plano nacional, lo cual
muestra que la variedad de los Andes se considera prestigiosa por sobre la
variedad central.
En lo concerniente a lo afectivo, los merideños valoran, en el plano nacional, el dialecto de los Andes, salvo en
cuanto al erotismo, para lo que se prefiere el dialecto central. Esto
último puede deberse a la costumbre, ya que las telenovelas venezolanas
se hablan en caraqueño. Con respecto al dialecto zuliano, apreciamos
cómo las respuestas se
relacionan con valores negativos. En
cuanto a las preferencias entre las variedades regionales, se observa
cómo la variedad merideña ocupa el primer lugar, tanto en lo racional
como en lo afectivo.
Los mismos resultados
de se dan en Maracaibo. El dialecto regional
fue el preferido de sus hablantes en el plano nacional, aunque seguido de
cerca por el central. En lo
afectivo se da una preferencia, tanto positiva como negativa, por lo
propio.
Para Fishman
(1998:3 30) entre la gente común, los vínculos entre lengua y etnicidad
pueden no ser conscientes. Sin embargo, con en el proceso de
modernización, que trae consigo contactos intergrupales más frecuentes y
el debilitamiento de las tradiciones frente a la invasión de otras por
encima de lo étnico, se tiende a cultivar una acción protectora y
diversificadora que pone de relieve el vínculo entre lengua y sociedad y
lo convierte en una fuerza transformadora.
Esta valoración de lo regional
por encima de lo nacional se reflejan en nuestros resultados, los cuales indican que, en las ciudades
estudiadas, los hablantes no consideran como prestigiosos los dialectos
ligados al poder. En todo
caso, estos valores parecen cambiar muy lentamente, de modo que puede
mostrarse una relación
entre la valoración que se ha dado a las formas de hablar a lo largo de
la historia de la región. Así,
los hablantes merideños consideran como prestigiosa su manera de hablar,
y no valoran ni la de la capital actual de Venezuela, Caracas, ni la de la antigua capital de la
Provincia de Mérida, Maracaibo. Los habitantes de Maracaibo, en cambio
reconocen el prestigio de la ciudad de Mérida, probablemente por razones
culturales, como el prestigio de su universidad, entre otras. Es posible que influya, en la
valoración que hacen de su dialecto los merideños, el prestigio que una vez tuvo el
Virreinato de Santa Fé, al que una vez pertenecieron, por sobre la Provincia de
Venezuela, cuya capital era Caracas.
La cultura y la distinción, no están para los andinos y marabinos de ninguna manera, en la capital de la República.
Anexos
I. Preguntas relacionadas con lo racional:
1.
Si usted tuviera que mandar a una persona de su país a un congreso
internacional, ¿qué acento le gustaría que hablara?
2.
Se ha decidido utilizar un solo acento para la radio, el cine y la
televisón. ¿Cuál acento venezolano escogería usted para este fin?
5.
Si usted fuera extranjero y quisiera aprender a hablar español en
Venezuela, ¿en qué región le gustaría aprenderlo?
6.
¿Qué acento relaciona a una figura de poder?
7.
¿Cuál región relaciona de Venezuela usted con la cultura?
11.
Si llama al 113 para pedir información, ¿qué
acento le gustaría que tuviera el operador (a)?
13.
Si el Presidente de la Academia de la lengua fuera venezolano, ¿cómo le
gustaría que hablara?
15.
Basándose en las formas de hablar que existen en las distintas regiones
de Venezuela, ¿qué forma le gustaría que tuvieran todos los
venezolanos?
II. Preguntas relacionadas con la afectividad:
3.
Si Betty La Fea fuera venezolana,
¿cómo quisiera oirla hablar?
4.
¿Qué acento de su país asocia al regaño?
8.
¿Cuál considera usted el acento más ordinario, en Venezuela?
9.
Si pudiera cambiar la manera de hablar de Chávez, ¿qué acento le
gustaría que tuviera?
10.
¿Cómo quisiera que hablara el animador de
Quién quiere ser millonario?
12.
Si usted pudiera escoger a la
maestra de su hijo (a) para enseñarle a hablar y escribir, ¿de qué región la
preferiría?
14.
¿Qué acento asocia usted con el erotismo?
16.
¿De qué lugar le gustaría que fueran los animadores de las loterías
venezolanas?
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Notas en este documento.
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