Alexandra
Alvarez y Thania Villamizar. 1988/1999. El habla rural de la cordillera de
Mérida: ¿Muestras de identidad o extinción de un dialecto? Boletín
de Lingüística. Caracas: Universidad Central de Venezuela,
14: 58-76.
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El
dialecto del Páramo de la Cordillera de Mérida despierta interés por el
hecho de que es una variedad rural que convive, cada vez más, con la
variedad urbana de Mérida y dialectos regionales de otras zonas del
país. Se caracteriza por rasgos fonéticos segmentales y prosódicos muy
específicos, un variado léxico, algunos elementos morfosintácticos y
una vasta tradición narrativa oral. Sin embargo, al lado que los
elementos de la forma de la expresión, son importantes algunos elementos
pertenecientes a la forma del contenido, así como los significados
relacionados con la medicina rural. La fuerte identidad cultural de la
zona da pie para predecir que este dialecto no está en vías de
extinción.
Sociolingüística,
Dialectología, Identidad.
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The
dialect of the Páramo of the Mérida Mountain belt is interesting because
of the fact that it is a rural variety which lives closer every day to
both the urban variety of Mérida city and other regional dialects of the
country. It is characterized by specific segmental and prosodic phonetic
features, a varied lexicon, some morphosyntactic elements and a vast oral
tradition of narratives. However, besides those pertaining to the form of
expression, there are important elements corresponding to the form of
content, such as meanings related to rural medicine. The strong cultural
identity of the region can help predict that this dialect is not heading
towards extinction.
Sociolinguistics,
Dialectology, Identity
El
que una variedad lingüística perdure en el tiempo está intrínsecamente
ligado a la pervivencia del grupo, de sus valores y de su espacio vital.
Cuando no se dan estas condiciones, unos grupos se diluyen en otros,
desaparecen sus costumbres y sus modos de vida y también sus
"maneras de hablar" o dialectos. En este mundo que entra en un
nuevo milenio, las formas de vida y los valores rurales parecen perder su
razón de ser; sus variedades lingüísticas parecen también ceder ante
formas más prestigiosas. En este trabajo reflexionamos sobre la
pervivencia del dialecto de la cordillera de Mérida en los Andes
venezolanos; revisaremos para ello los criterios entonativos, segmentales,
léxicos que consideramos pertinentes, también nos referiremos a
elementos culturales que pueden contribuir a esta reflexión.
El dialecto del
Páramo de la Cordillera de Mérida
Los
dialectos se consideran, grosso modo, variedades del lenguaje. Lastra
considera al dialecto como una "subdivisión" de una lengua; el
término proviene del griego "dialektos", ‘manera de hablar’
(Lastra 1992:27). El criterio utilizado generalmente para asignar un
dialecto a una lengua es el de la inteligibilidad mutua; sin embargo,
según Lastra este es un criterio muy incierto, por el hecho de ser la
inteligibilidad no sólamente relativa, porque los hablantes de dos
variedades pueden entenderse sólo hasta un cierto punto, sino también
porque no siempre es mutua (Lastra 1992:30). Lo importante de esta
afirmación es el hecho de que si bien en la definición de los dialectos
se utilizan criterios estructurales, ellos no son suficientes para definir
una lengua. En el caso de las lenguas entran en juego otros criterios,
culturales, históricos, políticos, ideológicos, etc. que influyen en la
voluntad de los usuarios; esto ocurre porque se relaciona a la lengua con
la nación (Lastra 1992:32).
Para
predecir la pervivencia de una variedad lingüística es necesario
también recurrir en alguna medida a criterios no estructurales. La
extinción de las lenguas minoritarias se debe mayormente a la
asimilación lingüística de sus hablantes a lenguas mayoritarias,
entendiendo a aquellas como a las que están en vías de desaparecer y a
éstas como a las que tienen vitalidad (Brenzinger: 1997). La misma
reflexión debería prevalecer, a nuestro modo de ver, en lo que se
refiere a la pervivencia o extinción de las variedades dialectales; es la
voluntad de los hablantes de defender su identidad a través entre otras
cosas de ciertos rasgos lingüísticos o bien su adopción de una variedad
dialectal de prestigio, lo que determina su suerte.
Por
otra parte, pensamos que cuando se habla de criterios lingüísticos
estructurales para la definición de los dialectos, los especialistas se
refieren mayormente a lo relativo a la forma de la expresión, dejando de
lado la forma del contenido (Hjelmslev [1943] (1971). Esta idea fue
brillantemente estudiado en su tiempo por Amado Alonso en el artículo
titulado "Americanismo en la forma interior del lenguaje" en el
que explica las diferencias dialectales entre el español peninsular y una
variedad del español americano de acuerdo con la manera de clasificar el
campo semántico de las hierbas y la relación de estas estructuras con
formas de vida diferentes, en la península y en la pampa argentina
(Alonso 1976).
El
dialecto al que nos referimos ha sido ya estudiado en Obediente (1998 a y
b). Se trata de la así llamada habla rural, de la población que se ubica
en la región conocida como Páramo, un terreno yermo, abierto y
desabrigado que se encuentra entre los 3.000 y 4.700 metros de altitud,
dependiendo de las condiciones locales, de escasa vegetación representada
por musgos, líquenes y frailejones. En esa zona vive una población rural
o campesina, lo que significa, siguiendo a Clarac de Briceño (1976) no
sólamente vivir y trabajar en el campo, sino tener una cosmovisión
particular manifestada en una serie de creencias, costumbres y valores que
difieren de los que comparten los citadinos. Por ello deben considerarse
también como campesinos aquellos hombres y mujeres que, aún cuando viven
en comunidades rurales, venden su fuerza de trabajo en otras actividades
además de las de trabajar la tierra con las manos. De este modo el ser
campesino responde a un criterio cultural más que a uno sociogeográfico
(cf. Clarac de Briceño 1976, Obediente 1998 a y b).
Muchos
de los habitantes de esta zona trabajan en la ciudad de Mérida y a la vez
la región, por su belleza natural, es objeto de visitas turísticas
frecuentes, sobre todo en las épocas de vacaciones escolares. El hecho
del contacto de este dialecto con otros del país, pero sobre todo con el
de los pobladores de la ciudad de Mérida, hace temer por su
conservación. En lo que sigue haremos primero algunas consideraciones de
tipo lingüístico y luego algunas consideraciones culturales, para luego
ofrecer nuestra opinión sobre el futuro de esta variedad.
Lo
lingüístico
En
lo que respecta a lo fonético, más precisamente a lo segmental,
Villamizar (1998), en su estudio sobre el habla rural de la Cordillera de
Mérida, encuentra que en la zona del Páramo se conservan rasgos
lingüísticos rurales en mayor medida que en la pequeña
población de La Pedregosa, que forma parte de la ciudad de Mérida pero
que puede considerarse como una zona de transición entre el campo y la
ciudad.
En
el trabajo mencionado, se explica cómo estos rasgos disminuyen en la
cercanía de Mérida, la ciudad más importante de la zona, en lo
concerniente a tres rasgos fonéticos segmentales: i) la realización
apical del fonema fricativo alveolar: en el Páramo, la ápico alveolar,
frecuente entre los hombres y las mujeres de más edad, tiende a
desaparecer en las mujeres más jóvenes, pero no así entre los hombres;
ii) la realización bilabial de la fricativa labiodental que si bien
disminuye entre las mujeres jóvenes, tiende a aumentar entre los hombres
y iii) la realización asibilada de la vibrante múltiple y del
archifonema: ahora bien, mientras que hay una reducción leve de las
variantes anteriores en el Páramo, la reducción es más notable en el
uso de la [r] asibilada, donde apenas es usada por los hombres del grupo
de menor edad.
En
la generación más joven, el porcentaje de uso de los rasgos rurales
disminuye, como decimos arriba, marcadamente entre las mujeres. El
problema, desde el punto de vista sociolingüístico, tiene dos
explicaciones: o bien i) hay un cambio lingüístico en progreso, ya sea
en atención al patrón de género o a consideraciones relacionadas
con las redes sociales , o bien ii) las realizaciones rurales
están en proceso de convertirse en marcadores de género es decir,
de variables sociolingüísticas relacionadas con el hecho de que los
hablantes sean hombres o mujeres. Esta última posibilidad ha sido
favorecida en el estudio de Alvarez y Villamizar (1999), debido a la
persistencia de diferencias importantes en las funciones que hombres y
mujeres cumplen en la comunidad, lo que parece indicar que hay un
reanálisis de estos fenómenos.
También
en la prosodia se han visto características importantes en lo que
concierne a este dialecto. Los estudios fonéticos para caracterizar las
diferencias dialectales se han centrado tradicionalmente en los aspectos
segmentales, sin embargo en los últimos tiempos hay una marcada tendencia
hacia los estudios prosódicos sobre todo en lo que respecta a la
entonación. Una de las principales funciones de la prosodia en el plano
sociolingüístico es la que evidencia las diferencias entre variedades de
una lengua, ya sean diastráticas, diafásicas o diatópicas.
En
relación con el español en particular los estudios prosódicos para
establecer diferencias dialectales se han centrado principalmente en el
estudio de la curva entonativa. Mora (1997) propone que las diferencias
dialectales se manifiestan no sólo en la curva entonativa sino desde
unidades más pequeñas que la unidad melódica.Uno de los aspectos
estudiados por ella es el comportamiento de la sílaba acentuada y su
entorno, específicamente en lo que respecta a la duración y a los
valores de frecuencia fundamental, para establecer así secuencias de
frecuencia y de duración entre sílabas tónicas, pretónicas y
postónicas. De acuerdo con este planteamiento cada dialecto preferirá un
tipo de secuencia y estas secuencias se organizarán en la unidad
melódica dando la entonación característica de cada región.
En
un trabajo realizado sobre patrones entonativos de las frases
declarativas, Villamizar (1998) obtuvo como característica del habla
rural un patrón circunflejo con una marca rítmica en la última sílaba
tónica, la cual se caracterizaba por ser la más larga de todas las
sílabas de la frase. En lo que se refiere al comportamiento de la
frecuencia fundamental la tendencia preferencial es que el pico de
frecuencia fundamental se ubique en la sílaba tónica. Los resultados de
Mora (1997) que coinciden con los de otros investigadores del español
peninsular (entre otros, Listerri 1991), llevan a plantear que la
tendencia del español general es que el pico de la frecuencia fundamental
está desplazado hacia la sílaba siguiente a la acentuada, lo que, como
vimos, no se da en el habla rural. De modo que puede considerarse que en
el caso particular del habla rural, el hecho de que el pico de la
frecuencia fundamental se encuentre en la sílaba tónica puede ser una
marca dialectal junto a un patrón rítmico de mayor duración de la
última sílaba tónica, a lo que debe agregársele también el patrón
circunflejo reportado por Villamizar (1998).
Con
respecto a la morfología y el léxico de la zona, Obediente estudia más
de medio millar de palabras del habla rural, entre las cuales se
encuentran "lexemas, acepciones, locuciones y expresiones" que
no pertenecen ni al español general ni al español venezolano común,
así como otros elementos considerados como anticuados o en desuso (cf.
Obediente, 1998b:97). Entre ellos encuentra:
I. Elementos no
registrados en el DRAE, entre ellos) vocablos formados a partir de
elementos españoles como reapañar (por ‘recoger" Gómez
fue que reapañó todo ese armamento; b) aumentativos y diminutivos
inusuales, aunque bien formados de acuerdo con la gramática como tiempón,
casarona, piezononón y piececitica; c) vocablos que pudieran
considerarse a primera vista como palabras más pronunciadas como señificar
por ‘significar’ y antonces por ‘entonces’; d) vocablos de
muy probable origen ameridio como cucay, tapara pequeña con tapa
para guardar el café tostado’ mintoy ‘paso subterráneo,
cueva, sepultura de piedra’ etc.
II. Elementos
que, aunque registrados en el DRAE poseen en la Cordillera una
significación distinta de la señalada por aquel, o una acepción que
aquél no asienta; como por ejemplo filo, por ‘cerro, colina’ o
brisa por ‘llovizna’
III. Elementos
considerados por el DRAE como anticuados o en desuso, como alevantar
por ‘levantar’ y depender por ‘colgar’.
El
autor señala en su obra que el léxico cordillerano "parece querer
desaparecer por la inserción cada vez mayor de su gente en la vida del
país, la llegada de los medios de comunicación y el trato cada vez más
frecuente con forasteros (sobre todo con turistas) están jugando un papel
de nivelación lingüística que se ha venido traduciendo en la pérdida
progresiva de muchos de sus elementos específicos, lo cual, sin duda
alguna, podría traer consecuencias negativas para su indentidad y
representaría una pérdida irreparable para la nación" (Obediente,
1998b:96). Aunque estamos totalmente de acuerdo con el autor, podemos
distinguir algunos aspectos. En primer lugar sobre la cantidad de palabras
que se conservan del dialecto rural; evidentemente que no hay duda que
algunas estará desapareciendo. Sin embargo, en lo cualitativo la
desaparición no es tan evidente si consideramos tres elementos: i) la
morfología, ii) las palabras relacionadas con elementos culturales, y,
iii) los arcaísmos.
En
cuanto a la morfología, son muy característicos de la zona los
aumentativos y diminutivos que el autor señala, y que pueden tenerse como
representativos de la variedad lingüística. Un elemento que el autor no
señala es el uso de la términación verbal nos por mos, en
estábanos, veníanos, por ‘estábamos" veníamos".
Esta terminación no obedece a nuestro criterio a razones
socioeconómicas, pero sí a factores dialectales y goza de muy buena
salud en el Estado Mérida. Este fenómeno recuerda al caso contrario
sucedido con el sufijo -mos en el judeoespañol, señalado por
Obediente (1997), cuando la -n inicial pasó a m- desde 1700 . En el habla
rural, el uso de nos se da quizás por una asociación de lo
funcional, el significado de primera persona plural, con lo morfológico.
No tenemos, por ahora, ninguna otra explicación para este uso. Sorprende
el hecho de que parece ser un indicador, no teniendo los hablantes, al
parecer, ninguna consciencia sobre el valor estilístico de su uso.
Hay
palabras relacionadas con referentes culturales que pervivirán mientras
se cultiven las creencias que éstas significan. Nos referimos a los
términos y acepciones relacionados, por ejemplo, con la concepción del
cuerpo humano, la salud y la enfermedad y la curación. Un caso muy
curioso es la creencia en un órgano energético central, que se encuentra
a la altura del ombligo y cuyo desequilibrio genera enfermedades
diferentes en hombres y mujeres: el padrejón en aquéllos y el mal de
madre en éstas. Obediente (1998b) reseña así el término
"pelota" para designar ese órgano. Evidentemente que la palabra
se extinguiría si cesara de existir su referente; sin embargo tenemos
noticias de la vitalidad de la cultura medicinal de esta zona, que
coexiste con la medicina oficial de los ambulatorios. Debe acotarse
además que Obediente (1997) ha criticado el criterio europeizante que
significa el tildar de arcaismos palabras que viven en América, que
adquieren certificado de defunción por el solo hecho de haberse dejado de
usar en el español peninsular. La zona es propicia quizás por su
aislamiento, para el mantenimiento de voces que han desaparecido en otras
regiones de habla española. Así este autor señala la pervivencia de
lexemas calificados por el DRAE como anticuados o en desuso tales como
"acatar", como ‘considerar, tomar en cuenta’,
"ajuntarse", como ‘juntarse", o bien ‘unirse en
matrimonio’, "alevantar", como ‘levantar’,
"bestial" referido al ‘ganado vacuno, mular, caballar o asnal’,
"ciénago", por ‘ciénaga’, "depender" por ‘colgar’,
"descoger" por ‘escoger’, "garrotear por ‘dar golpes
con garrote’ "onde" por ‘en donde",
"respetoso", por ‘respetuoso’ y también arcaismos en las
formas veerbales como "cayen’ por ‘caen’, "haiga" por
‘haya" "traye’ por ‘trae’, "vide" por ‘vi’
"vido" por vio. También se da el empleo de "ser"
donde la norma académica actual tiene "haber’ o "estar",
en casos como "yo soy nacido aquí en este páramo", "ya
son muertos", "esa es enterrada aquí" (Obedediente 1992:
67).
Sobre
el discurso, se ha dicho que en Los Andes el tiempo de descanso es tiempo
de conversación entre amigos y tiempo de contar historias, por eso los
hablantes de las montañas son grandes narradores. En estos parajes,
crecen textos elaborados y cuidadosamente hilvanados. Las historias del
Páramo versan sobre sucesos insólitos, sobre elementos de la naturaleza,
y sobre aquellos temas que hacen sospechar una cosmovisión mágica y
misteriosa, como los encantos y la piedra del zamuro. Otras veces relatan
la intromisión de la modernidad en el mundo silencioso y lento de las
cumbres: la llegada de la electricidad o del primer avión. Alvarez (1998)
estudia las narraciones de la cordillera de Mérida y encuentra formas muy
elaboradas. Si bien su organización global obedece a las estructuras
canónicas de la narración oral, posiblemente universales, muchas veces
se elabora sobre este esquema y si una narración estándar se compone del
resumen, la orientación, la complicación y la coda, las historias
contadas por los viejos hacen gala de una primera y una segunda
orientación o de la reiteración de la complicación, o de una doble
coda. Estas secciones nunca se presentan de manera igual, sino siempre con
variaciones y con juegos de la forma y del sentido. Por otra parte, el
oyente alerta puede reconocer figuras retóricas muy sofisticadas, tanto
en la construcción como en el sentido. En general, se trata de un
discurso muy rítmico, que se da en la repetición de estructuras, que lo
hacen casi pictórico. Veamos como ejemplo la narración siguiente, de un
campesino; en el texto se indican las partes de la narración, según
Labov (1972).
Resumen.1
-
Cuando la ley de Gómez
cuando Gómez estaba mandando
(i)
le ofreció guerra al
presidente de los Estados Unidos
Gómez
entonces el presidente de los
Estados Unidos no quería guerra
entonces Gómez quería era
la guerra
(i)
al otro .. entre las dos
naciones
entonces la
gente .. Gómez ..el presidente de los Estados Unidos
le mandó un regalo a Gómez
por avión
Orientación.1
-
cuando pasó el primer
avión por aquí estaba yo pequeñito
-
un día domingo a las doce
del día pasó el avión primero por aquí
-
que nadie conocía una cosa
de esas
(i,v)
-
nadie
-
no habían carreteras
todavía
-
no había carros
Complicación.1
-
porque...pues y un día
domingo sentimos un estruendo en la altura
-
un estruendo terrible
-
y dijo un señor mayor
-
será que se va a acabar el
mundo
(v)
-
por aquel estruendo tan
grande
(iv)
-
y no se veía nada
(iv)
-
hasta que al momento está
muy azul el cielo
-
al tiempo de estar
escuchando la bulla
-
todos mirando pa' arriba
alcanzamos de ver un bichito rojo como una cruz
(vi)
-
un bichito que iba hasta
que fue calmando el tronido
-
tilindraban las torres de
las casas
(iv, vi)
-
como una campanita
-
con el tronido del avión
-
no sabíamos que era avión
(i,v)
-
no sabíamos que era
aeroplano
-
no sabíamos qué podía
ser eso
Resumen.2
-
eso se lo mandó el
presidente de los Estados Unidos a Gómez a Caracas
-
le mandó una corona de
bronce y no sé qué otro regalo a Gómez
-
para convencerlo de que no
hubiera guerra
-
porque a él no le
convenía que hubiera guerra en la nación
-
entonces lo mandó por
avión
-
llegó ese avión a Caracas
Orientación.2
-
¡Dios guarde!
(ii)
como hoy quizá era la una de
la tarde
allá se estuvo mañana y
pasó mañana
bajó por ahí como a los
ocho de la mañana
(i)
entonces no bajó por aquí
sino bajó por este lado de aquí
bajó en la mañana
‘tábamos nosotros
arrancando una cosecha
en ese monte fresco que ve
usted ahí
del árbol aquel grande en
esa cañada
arrancando una arveja
que teníamos ahí
Complicación.2
-
cuando oímos el estruendo
por ahí por este lado de acá
-
nosotros creíamos que era
un barranco en el páramo
(v)
-
salimos en carrera de allí
donde estábamos allá aquella mesa
(iv)
-
pa' poner cuidado a ver
qué era lo que pasaba
-
entonces ya lo vimos
más grande (i,iv)
-
como un tamaño así ya
lo vimos caer más grande
-
ya se fue
-
se fue
-
de ahí pa'lante no se
supo más nada de esa cosa que había pasado (v)
-
ni a qué venía
(i)
-
ni cómo se llamaba
-
ni nada de eso
Coda
-
al tiempo
fue que se supo
-
que era un
avión
-
que el
presidente de allá pa' el otro allá
-
pa' rebajar
-
para que no
hubiera guerra
-
todo pasó
-
no se sintió más
-
no se sintió más
-
no volvió a pasar
(i)
-
eso se quedó como dormido
en silencio
(vi)
-
al tiempo fue que se dijo
que iban a hacer en Mérida un aterrizaje pa' aterrizar los aviones
-
creo que se realizó
Este
texto, analizado en Alvarez (1998) tiene todas las partes de una
narración (Labov 1972): resumen, orientación, complicación, coda y
evaluaciones, repitiéndose las tres primeras con variaciones a
partir de la mitad de la historia. En el texto se marcan las evaluaciones
en itálicas y se da entre paréntesis un número romano que refiere al
tipo de evaluación utilizada por el narrador, como se verá a
continuación.
En
el resumen se plantea el ofrecimiento de paz del presidente de los
Estados Unidos a Gómez; este quiere guerra y aquél le envía un regalo
por avión. Vemos el mismo contenido, con variaciones en la forma, en los
segmentos (1-9; 32-37).
La
primera orientación aclara que se trata del primer avión que
sobrevuela el páramo (10-15); la segunda se refiere al momento del día
en que pasa el avión y la actividad que realizaban los campesinos
(38-48).
La
complicación se refiere simplemente al paso del avión, y son las
unidades evaluativas en estos segmentos, las que confieren interés a la
historia. También la complicación se repite en dos episodios
(16-31) y (49-60).
La
coda, en tres partes, que refiere la partida del avión y la
llegada de la información sobre el hecho, así como la noticia de la
construcción de un aeropuerto, reúne ambos segmentos y confiere unidad
al texto (61-72).
La
evaluacion (marcada en itálicas en el texto) es la sección más
compleja y portadora de la emoción que quiere comunicar el narrador; ella
se da como (i) repetición (1-2; 3-6; 12-13; 14-15; 29-31; 40; 41 y 43;
53-54; 58-60; 66-69) (ii) en la exclamación del narrador (38); (iii) por
medio de los hechos (20; 21; 26; 51; 53), (iv) suspendiendo la acción,
(v) reflexionando sobre el acontecimiento (18-19; 29-31; 50; 57) y (vi) a
través de figuras (24; 26; 70) Esta clasificación de las evaluaciones se
ha hecho según el esquema de Labov (1972), modificado ligeramente por
Alvarez (1998) para incluir como formas de la evaluación las repeticiones
y las figuras, como la metáfora y la metonimia. Como vemos, se dan en las
narraciones del Páramo evaluaciones muy elaboradas, como son la
suspensión de la acción y la reflexión del narrador sobre los hechos,
así como varias figuras que evidencian la complejidad del texto.
Lo cultural
Parece
innecesario discutir el hecho de que la lengua es parte de la cultura, por
lo que evidentemente el afianzamiento de los sentimientos favorables hacia
su identidad traerán en estas gentes como consecuencia, en alguna medida,
también actitudes favorables hacia el dialecto regional. Los textos que
avalan esta afirmación pertenecen ya a la lingüística más tradicional.
Alonso (1976), en el estudio anteriormente citado, recoge la idea
humboldtiana de la forma interna del lenguaje en su concepción del
americanismo. Así explica que lenguaje es también categorización,
clasificación y toda significación idiomática es por esencia
categorial. La forma interior del lenguaje humano sería categoría y de
esta manera, según éste autor "...cada idioma tiene su forma
interior de lenguaje, y con ella su propia partición y agrupación de las
cosas y su estilo propio de expresión. En la masa continua y amorfa que
ofrecen la realidad y la experiencia los hombres de cada idioma han ido
rayando límites, destacando perfiles e imprimiendo formas, no según las
cosas son (¿quién Dios mío, sabe cómo es la realidad en sí misma?),
sino procediendo con su interés vital, con las experiencias acumuladas
generación tras generación y con las fantasías y apetitos que en esa
organización interna del idioma halla su expresión colectiva. Toda
nominación es un conocimiento subjetivo" Alonso 1976:63).
La
identidad de la lengua podríamos entonces proseguir, estaría tanto en la
forma del contenido como en la forma de la expresión, ¿o quizás más en
la primera que en la segunda?. Hacen falta estudios en relación con el
componente semiótico del lenguaje de esta zona; sin embargo, podemos
inferir que evidentemente hay una manera particular de organizar el mundo
dada por el lenguaje y recíprocamente una forma discursiva que obedece a
una particular visión de la realidad en estos pobladores de Los Andes.
Ya
desde Malinowski [1923] se considera que el uso de la lengua ocurre en un
contexto situacional, englobado en un contexto cultural. La cosmovisión
de los campesinos merideños tiene características muy propias. Uno de
los aspectos que más llama la atención en este modo de pensar y de vivir
es el dualismo, que se extiende desde los espacios
geográficos, pasando por las relaciones sociales y abarca los campos de
la medicina y la fisiología (Rojas 1997). Por ejemplo, las enfermedades
se clasifican en frías y calientes y también las plantas que sirven para
curarlas; las familias de La Pedregosa son de arriba o de abajo, según el
lugar hacia donde viven y también se da la creencia en órganos
energéticos y enfermedades que se distribuyen según los dos sexos, pero
siguiendo las categorías esbozadas por Clarac de Briceño (1982),
distinguiéndose las enfermedades en las de los hombres, las de las
mujeres con hijos, las mujeres sin hijos y las de los niños, es decir,
las categorías en las que los campesinos clasifican a los seres humanos.
O bien la existencia de un sexto sentido, el "sentido" o la
racionalidad, mayormente presente en los hombres y en sentido decreciente
en los demás. Dentro del dualismo entran también las consideraciones con
respecto al sexo, como hemos visto, de modo que éste es una categoría
muy marcada en todo lo que concierne la cultura, y constituye un
demarcador de espacios físicos y espirituales. Estas categorías se
reflejan obviamente en lo lingüístico, muy especialmente en cuanto al
léxico relativo a ellas, como es el caso del "padrejon" y el
"mal de madre", las enfermedades energéticas de las que
hablábamos anteriormente y que se dividen según el sexo (cf. Clarac de
Briceño 1982, Obediente 1992, 1998b). Es por ello que en el Páramo
realmente puede haber expectativas sociales diferentes para hombres y
mujeres, que ambos se cuidan de mantener, lo que también parece explicar
la diferencia de uso de los rasgos fonéticos segmentales en la cordillera
como marcadores de sexo (cf. Alvarez y Villamizar 1999).
A
esto podemos añadir algunas consideraciones sobre las actitudes
lingüísticas. Podemos encontrar, entre los habitantes de la cordillera
de Mérida, una doble postura en sus actitudes con respecto a lo cultural.
Por una parte, de vergüenza étnica: el campesino es consciente del
prestigio de los dialectos diferentes del suyo, hablados por gentes de
mayor capacidad económica y de mayor poder político. Esto se traduce en
una acomodación o ajuste al dialecto foráneo: el uso del tú caraqueño,
por ejemplo, o la tendencia de las mujeres a imitar los rasgos fonéticos
segmentales de la ciudad de Mérida. Por la otra, una tendencia
etnocéntrica que le lleva a conservar sus creencias y costumbres aunque
se mude a la ciudad. El tipo de enfermedades (mal de ojo, mal de madre,
padrejón, suspensión, etc.), las prácticas de sanación, el uso de las
hierbas medicinales y la creencia en los curanderos se conserva aún entre
los habitantes de la ciudad. Las tradiciones populares, como por ejemplo
las referidas a la Navidad, como la "paradura" del niño, una
práctica indígena conservada sincréticamente, que consiste en levantar,
"parar", al niño y rezarle y cantarle que se hace después del
28 de diciembre, para que nos bendiga y nos traiga ventura, es algo que en
vez de extinguirse, se ha extendido, por su belleza, más bien, hacia el
resto del país.
El
campesino merideño se mofa de los forasteros por su desconocimiento de la
naturaleza y por elementos que considera amanerados, entre ellos, el
lenguaje, de forma que recuerda los retratos del hombre blanco estudiados
por Basso (1979), un libro en el que el autor recoge anécdotas chistosas
de los apaches que disfrutan imitando la incapacidad de los blancos para
entender su mundo. De esta manera muestra, a pesar de no preservar una
posición de poder frente a otros grupos poblacionales, su aprecio por su
propia identidad regional.
Puede
pensarse entonces que, si bien la cultura de esta zona está en contacto
con otras culturas del país, hay una fuerte identidad regional que puede
contribuir a la preservación de su variedad lingüística frente a otros
dialectos venezolanos. Todo hace suponer que, si bien algunos elementos
pueden irse borrando del dialecto de la Cordillera de Mérida, otros
tienden a sobrevivir, incluso cuando sus hablantes vienen a la ciudad. En
algunos casos, habrá un reanálisis de los elementos lingüísticos, como
lo hemos propuesto en lo que respecta a los rasgos fonéticos segmentales,
en el sentido de que rasgos compartidos antes por toda la población se
convierten en marcadores de uno de los dos sexos (cf. Alvarez y Villamizar
1999). En suma, las características del habla rural se mantendrán en la
medida que se conserve la idiosincracia andina, mientras exista la
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